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    <title>LU9 Mar del Plata</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Mar del Plata.</subtitle>
    <updated>2026-08-18T19:55:07+00:00</updated>
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            ¿Cómo sobrellevar la muerte de una mascota?
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La muerte de una mascota puede desatar un duelo tan intenso como el de la pérdida de un familiar o un ser querido, según explicó la psicóloga Alejandra Linardi, columnista del programa. "Cuando uno pierde un ser querido, lo importante no es si era un humano o un animal: lo importante es el vínculo que uno tenía", sostuvo la especialista, y remarcó que ese proceso genera el mismo desarrollo psicológico que el duelo por una persona.</p><p>Linardi advirtió además que ese dolor suele ser subestimado socialmente. "No está mal llorar por una mascota", afirmó, y cuestionó que muchas personas no se sientan habilitadas para expresar su tristeza en ámbitos como el trabajo cuando pierden a un animal de compañía.</p>Un vínculo que cambió con el tiempo<p>La psicóloga describió una transformación cultural en la relación con las mascotas. "Antes el perro estaba en una cucha, atado con una cadena, y ahora es como el rey o la reina de la casa", señaló. En ese sentido, apuntó que buena parte de las personas de entre 25 y 35 años que no tienen hijos adoptan mascotas y les dan un lugar equivalente, un fenómeno que —consideró— todavía deberá ser estudiado en profundidad.</p>Por qué puede ser un duelo más difícil que el de una persona<p>Según explicó Linardi, el impacto del duelo depende del vínculo cotidiano que existía con el animal. Puso como ejemplo la diferencia entre una mascota que convive con una familia numerosa y una que acompaña a una persona que vive sola. En este último caso, dijo, la mascota suele ser "la razón por la cual esa persona se levantaba", la sacaba a hacer sus necesidades, le daba de comer o la llevaba a vacunar. Por eso, remarcó, en personas que viven solas ese duelo "puede ser incluso peor que el de un familiar o un pariente".</p><p>La especialista explicó también que la ausencia se hace presente en la rutina diaria: el horario del paseo, el de la comida, el lugar donde dormía el animal. "Eso empieza a faltar en lo cotidiano, y por eso se extiende en el tiempo el duelo de la mascota", sostuvo, y advirtió que no siempre se resuelve en pocos días, como muchas personas suponen.</p><p>Otro factor que influye en cómo se elabora el duelo, según detalló, es la forma en que murió el animal: si fue una decisión de eutanasia por enfermedad, un accidente, la vejez o la muerte de un cachorro, cada situación deja una marca distinta en el proceso.</p>El amor incondicional y sus beneficios psicológicos<p>Linardi destacó que las mascotas ofrecen una forma de afecto que muchas veces no se encuentra en los vínculos humanos: "siempre están, no usan el celular, no están esperando que uno les escriba primero para responder". Ese vínculo incondicional, dijo, explica por qué el afecto hacia un animal puede volverse central en la vida de una persona, incluso más que el vínculo con otro ser humano.</p><p>En ese punto, la psicóloga señaló que hay personas con dificultades para establecer vínculos afectivos con otras personas que sí logran hacerlo con un animal, y citó como ejemplo histórico el caso de Adolf Hitler y su conocido apego a los perros, para graficar que la circulación del afecto a veces se canaliza hacia un animal y no hacia otro ser humano.</p><p>La especialista remarcó particularmente los beneficios de la convivencia con mascotas en personas en proceso de recuperación de adicciones, en niños con dificultades afectivas o dentro del espectro autista, y en personas mayores que viven solas, para quienes la mascota suele ser una compañía central y una fuente de afecto cotidiano.</p>Cuándo consultar a un profesional<p>Consultada sobre en qué momento conviene buscar ayuda profesional, Linardi explicó que no hay una regla exacta, pero sí un criterio orientativo: si después de seis meses a un año la tristeza no logra amortiguarse con los buenos recuerdos que dejó la mascota, es momento de consultar. "Puede haber jugado o ese duelo nos pudo haber disparado cosas nuestras y no las estamos pudiendo resolver", planteó, al remarcar que un estado de ánimo muy deprimido o un desgano sostenido en el tiempo son señales de alerta.</p><p>La psicóloga insistió en que buscar acompañamiento profesional no es sinónimo de "olvidar" a la mascota, sino de aprender a convivir con su ausencia apoyándose en los buenos recuerdos compartidos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Lic. Alejandra Linardi, psicóloga, habló sobre los duelos por las partidas de las mascotas.]]>
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                                <updated>2026-08-18T19:55:07+00:00</updated>
                <published>2026-08-18T19:53:44+00:00</published>
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            Violencia contra personas de la tercera edad en geriátricos: ¿Qué debe resolver el Estado para evitar estas situaciones?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/W-sC_4obEPr1naKi16DPkbtlBbM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/abuelos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El maltrato a dos adultas mayores filmado en un geriátrico marplatense reabrió el debate sobre las condiciones en las que viven las personas mayores en residencias de larga estadía. El doctor Ricardo Iacub, titular de la cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la UBA e investigador en la Universidad Nacional de Mar del Plata, advirtió en LU9 que el episodio expone algo más profundo que un agresor aislado: se trata, dijo, de "una institución violenta a veces por en sí misma", donde el hacinamiento y la falta de cuidados especializados golpean a la parte más frágil de la población.</p><p>Para el especialista, el caso no puede leerse solo como la conducta de "una bestia" que le agrega "un toque tan aberrante" a la escena, sino como el síntoma de un sistema que naturaliza que un adulto mayor pase, sin haber cometido ningún delito, "de una casa a vivir en una especie de barraca". En esa línea, fue categórico: sostuvo que ni en las cárceles ocurren cosas semejantes.</p><p>&nbsp;</p>Qué pasó en el geriátrico de Mar del Plata<p>El hecho que originó el debate ocurrió el lunes pasado, después de las 19, en el geriátrico ubicado sobre la calle Deán Funes al 1700. Todo se descubrió cuando los familiares de las ancianas advirtieron las lesiones que presentaban y dieron aviso a la responsable del establecimiento, que revisó las cámaras internas y radicó la denuncia en la Comisaría 1ª.&nbsp;</p><p>En las imágenes se observa al empleado, identificado como Nicolás Cichero, de 37 años, obligando a comer por la fuerza a las residentes, golpeándolas con una cuchara y profiriendo insultos y amenazas de muerte, según consta en la causa. El expediente, caratulado en un principio como "lesiones leves", pasó a la órbita del fiscal Carlos Russo tras conocerse que una de las víctimas habría perdido dos piezas dentales. El acusado fue aprehendido y luego recuperó la libertad, y transitará el proceso en esa condición.&nbsp;</p><p>En paralelo, el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires dispuso la clausura transitoria del geriátrico al detectar que no había renovado su habilitación, pese a haber sido intimado en una inspección del 12 de marzo.</p><p>&nbsp;</p>“Una institución violenta a veces por sí misma”<p>Iacub puso el eje en las condiciones estructurales antes que en el agresor. Describió que en la residencia había "una especie de espacio común" donde dormían más de diez personas en un mismo lugar, muchas veces con situaciones muy distintas entre sí. "Convive gente que está lúcida y quizás tiene un problema habitacional con alguien que tiene una demencia muy profunda", planteó, y remarcó que ese esquema "no le viene bien ni a uno ni a otro".</p><p>El especialista subrayó que la vejez es "un grupo muy heterogéneo" y que no debería alojarse bajo un mismo formato a personas con realidades opuestas. "Un viejo y otro viejo no tienen por qué ser iguales más que por haber transcurrido una cantidad de años de vida", señaló, para insistir en la necesidad de distinguir quién es cada persona mayor y qué tipo de cuidado requiere.</p><p>&nbsp;</p>El personal, la formación y la ley<p>Consultado sobre cómo evitar estos hechos, Iacub apuntó a la capacitación de quienes trabajan en las residencias. Reclamó "gente con mucha más formación y más cuidados", sobre todo cuando se atiende a personas con demencia o deterioro cognitivo que "no pueden defenderse por sí mismas". Alertó que, si las víctimas presentan ese tipo de dificultad, "probablemente ni siquiera lo puedan expresar", por lo que insistió en la importancia de revisar y controlar los daños físicos.</p><p>También señaló un vacío normativo. Advirtió que muchas veces "las propias legislaciones, que son más municipales que provinciales o nacionales, no terminan de proteger claramente" y sostuvo que una residencia debería estar regulada "primero a nivel nacional", con objetivos definidos: "Si no tenés claros los objetivos, nunca podés tener en claro una institución".</p><p>&nbsp;</p>La crítica al sistema: PAMI, lo económico y la indiferencia<p>El psicólogo reconoció que la variable económica es "fundamental" y que muchas veces se lleva a una persona "a un lugar que no está del todo bien" porque no alcanza el dinero o porque las políticas públicas de PAMI o IOMA no permiten otra cosa. Sobre la cobertura estatal, fue crítico: afirmó que "el PAMI cayó de una manera tremenda" en materia de prestaciones.</p><p>Iacub evitó centrar la discusión en la búsqueda de culpables inmediatos, pero pidió que haya responsables y que el tema no se diluya. Recordó que, cuando se incendiaban residencias de larga estadía, había "toda una especie de impacto" social que después se apagaba. "Nos impacta en el momento que lo vemos, pero parece que nos podemos olvidar rápidamente", lamentó, y describió esa lógica como "lo más trágico que nos sucede".</p><p>Sobre la liberación del agresor, cuestionó la carátula: dijo haber leído que quedó "suelto de vuelta" porque las heridas se consideraron leves, pero remarcó que "no es una herida leve", sino "un perverso que está metido en una institución y que está violentando a una persona". Para el especialista, hay "una perversión en el sistema" que no termina de entender cómo se debe cuidar.</p><p>&nbsp;</p>Dignidad, intimidad y la responsabilidad de las familias<p>Iacub introdujo la cuestión de la dignidad y la intimidad. Comparó las condiciones locales con las europeas, donde "no permiten" habitaciones de más de tres o cuatro personas y se privilegian cuartos individuales o dobles. "Una persona no puede vivir en una barraca", repitió, y se preguntó qué idea tiene la sociedad sobre lo que necesita un adulto mayor, incluso con deterioro cognitivo: "¿Que no tiene más derecho a la intimidad, al pudor?".</p><p>En ese punto, interpeló también a las familias. Sostuvo que existe "un derecho de los padres y de los hijos al cuidado" y que esa obligación se mantiene más allá de la historia personal. Advirtió que se trata de "la parte más frágil, más vulnerable" de la población mayor y que, si no se la cuida adecuadamente, se está frente a "una sociedad miserable", como ocurrió en su momento con los neuropsiquiátricos.</p><p>&nbsp;</p>Hacia residencias dignas: teleasistencia, viviendas protegidas y objetivos claros<p>Lejos de proponer eliminar las residencias, Iacub planteó un abanico de alternativas según el grado de autonomía de cada persona. Para quienes están bien pero solos, mencionó la teleasistencia, que permite "vivir en la casa el mayor tiempo posible". En un segundo escalón ubicó las viviendas protegidas —edificios donde cada uno tiene su departamento pero cuenta con acompañamiento ante una emergencia—, un modelo que, recordó, el PAMI impulsó en la Argentina en los años 80.</p><p>Recién como último paso, para casos de discapacidad severa, ubicó a las residencias, que "podrían ser lugares dignos". Destacó que en Mar del Plata "hay muchos lugares dignos y muy buenos, que atienden con respeto" y valoró que en el país "se mejoró muchísimo la calidad de las residencias". Aun así, marcó condiciones: que las personas sean bien tratadas, que puedan salir y que la familia las lleve a pasear, porque la residencia "no es el último espacio".</p><p>Por último, definió qué debería ser una residencia: un lugar "lleno de actividades" con musicoterapeutas, psicólogos y gimnasia, capaz de sostener la salud, la dignidad y las ganas de vivir. "No es un depósito, tiene que ser un lugar con un objetivo", resumió. Y cerró con una síntesis de su postura: "No tenemos que sacarlos; al contrario, hacen falta. Pero sí tenemos que dignificarlos".</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/W-sC_4obEPr1naKi16DPkbtlBbM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/abuelos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, Ricardo Iacub, Doctor en Psicología Especialista en Psicología de la Vejez, analizó los recientes hechos de violencia ocurridos en geriátricos.]]>
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                                <updated>2026-07-31T13:54:39+00:00</updated>
                <published>2026-07-31T13:52:43+00:00</published>
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            Agotamiento emocional: ¿Qué señales hay que identificar en estas circunstancias?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El agotamiento emocional dejó de ser un problema individual para volverse casi una constante social. Así lo planteó la psicóloga y psicoanalista Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata, donde advirtió que se trata de un desgaste "silencioso" que muchas veces no se percibe y que no se cura con unos días de reposo.</p><p>La especialista aclaró de entrada un punto clave para no confundir el tema: estar "agotado de vivir" no significa querer dejar de vivir, sino estar cansado "de vivir de esta manera", es decir, de la rutina, del estrés constante y de la sensación de tener que estar siempre en alerta. Según explicó, ese cansancio tiene hoy "bastante incidencia" porque la gente trabaja mucho para ganar apenas lo suficiente para subsistir, y a los problemas individuales se les suman las preocupaciones económicas y de seguridad.</p>Un cansancio que no se va con el descanso<p>Linardi diferenció el agotamiento psicofísico —una mezcla de lo psicológico y lo físico— del que es puramente emocional. La señal de alarma, señaló, aparece cuando el descanso no alcanza: la persona se toma unos días, hace reposo por indicación médica y, aun así, "se levanta y sigue agotada".</p><p>Ese desgaste, agregó, suele estar ligado a un estrés y una preocupación permanentes, muchas veces frente a situaciones que no tienen solución. Puso como ejemplo tener que cuidar a un padre o una madre con una enfermedad crónica y, al mismo tiempo, sostener a la propia familia, trabajar, hacer trámites y criar hijos. En esos casos, describió, la persona queda como en una "calle sin salida", donde la única salida termina siendo el propio agotamiento.</p>El celular, entre el trabajo y el descanso<p>Entre las causas, la psicóloga ubicó el agotamiento sensorial, que resumió en una palabra: "el celular, la tecnología". Es esa sensación de "ya miré mucho", de no querer recibir más estímulos, que —según observó— afecta más a los adultos que a los chicos.</p><p>El problema se agrava, dijo, porque hoy muchas personas trabajan con el mismo dispositivo con el que se distienden. "Donde debería estar el placer, la distensión, el ocio, está el trabajo", planteó, y advirtió que cuando ambos mundos conviven en la misma pantalla, todo se "contamina": uno se atrasa, se distrae, va a mirar un WhatsApp, aparece un mail, termina contestando el mail y se olvida de lo que estaba haciendo.</p><p>A eso se suma lo que llamó cansancio social, propio de quienes trabajan interactuando todo el día en plataformas y empresas, entre "buenos días, buenas tardes" y correos. Ese desgaste, graficó, genera muchas veces la necesidad de "taparse con la frazada", cerrar la ventana de la pieza y que no se acerque ni un ser humano.</p>Rendimiento por encima del bienestar<p>Consultada sobre la presión de ser productivo de manera permanente, Linardi fue categórica: hoy está más sobrevaluado el rendimiento que el bienestar. Reconoció que las empresas empezaron a hablar del bienestar del "recurso humano", pero sostuvo que, mientras el rendimiento se imponga por sobre el bienestar, la ecuación no cierra y no hay forma de no terminar agotado.</p><p>También marcó un cambio de época. Antes, recordó, la vida era más sencilla: se iba a trabajar, se volvía a casa y, al terminar el horario, hasta el otro día no se pensaba en el trabajo. "Hoy hay un continuo, casi no hay corte", resumió, algo que atribuyó a la combinación de tener varios empleos y de una tecnología que impide desconectarse.</p>La hiperconectividad y el "piloto automático"<p>La columnista describió una hiperconectividad que atraviesa el día completo: lo último que se hace de noche y lo primero al despertar es usar el celular. Eso, explicó, no implica solo estar frente a una pantalla, sino responder demandas de los demás. Antes uno se levantaba, se cepillaba los dientes y se peinaba; ahora, dijo, primero se contesta el mensaje y "ya tenés un problema a resolver antes de levantarte".</p><p>El riesgo, advirtió, es que el problema es invisible: quien está agotado emocionalmente muchas veces no lo ve, porque funciona en "piloto automático". A largo plazo, sin embargo, ese desgaste puede dar síntomas psicológicos o físicos, e incluso notarse en el aspecto. Para graficarlo, mencionó cómo la exigencia y la presión sostenidas transforman con los años a quienes ocupan cargos de altísima exposición, hasta hacerlos "terminar siendo otro".</p>Aprender a hacer una pausa<p>Para Linardi, la clave está en "aprender a parar, en aprender a pausar". La tecnología, dijo, no tiene pausa —el celular es "el amigo fiel", prendido las 24 horas—, así que la pausa la tiene que poner cada uno. Confió en que, con el tiempo, habrá más conciencia de que esa pausa es la que permite una buena relación con la tecnología.</p><p>Como ejemplo, citó a los colegios que ya restringen el uso del celular, al advertir que, si bien puede ser una herramienta pedagógica, termina funcionando como un distractor y una fuente de estrés para el aprendizaje. Dejar la tecnología es hoy imposible, aclaró, pero pausarla no: es una autocrítica que cada uno debe hacer, si puede.</p>Cuándo pedir ayuda profesional<p>Entre las recomendaciones, la especialista sugirió desconectarse, buscar otros tipos de vínculos, priorizar el tiempo con la familia y los amigos por sobre el del trabajo, hacer actividad física, alimentarse bien y administrar mejor el tiempo, eligiendo en qué se lo ocupa. Aun así, reconoció que hay personas que "no paran" y generan picos de estrés que no pueden resolver solas.</p><p>En esos casos, remarcó, hace falta acompañamiento profesional. El agotamiento emocional, insistió, "no es algo a desmerecer", porque puede derivar en enfermedades graves, incluso físicas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista y Lic. Alejandra Linardi, psicóloga, habló sobre señales silenciosas de alguien ecomocionalmente agotado de vivir.]]>
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                                <updated>2026-07-28T19:52:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-28T19:48:50+00:00</published>
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            ¿Qué pasa cuándo estamos tristes y no encontramos con quién compartirlo?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estar triste es un sentimiento universal, pero encontrar con quién compartirlo no siempre resulta sencillo. Así lo planteó la psicóloga y psicoanalista Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9, donde advirtió que la tristeza que no se pone en palabras se acumula y termina afectando la salud. "El agua estancada se pudre", graficó.</p><p>La especialista aclaró que no se trata de "dar un parte" diario del estado de ánimo, sino de reconocer que callar de manera sistemática lo que nos pasa nunca queda sin consecuencias. "No quedás ileso", resumió, y remarcó que el solo gesto de compartir —aun cuando el problema no tenga solución— ayuda a ordenar y aliviar.</p>Una tristeza que no siempre tiene una causa clara<p>Linardi señaló que la tristeza no siempre responde a un hecho puntual. Existe, explicó, una "tristeza difusa": días en los que uno se levanta mal o atraviesa "dramas existenciales" vinculados al trabajo, la convivencia o la propia vida. En todos los casos, sostuvo, la dificultad aparece a la hora de poder decirle al entorno que uno está triste.</p>El entorno no siempre sabe escuchar<p>La psicoanalista repasó las distintas respuestas que suele recibir alguien que está mal. En la familia, advirtió, no se puede "hacer cargo a un niño o a un adolescente" de las propias frustraciones, porque termina siendo el hijo el contenedor de sus padres. Entre amistades, en cambio, aparece la invalidación: el clásico "no es nada, hay cosas peores" que tapa el problema por un rato.</p><p>También apuntó a la pareja, una de las grandes quejas en la consulta. Muchas personas "no saben qué hacer" cuando el otro está triste, aunque estén preocupadas. "Hay gente que frente al dolor del otro trata de neutralizarlo o decir alguna palabra como para hacer un cierre", describió.</p>Saber a quién, qué y cómo contar<p>Para Linardi, comunicar la tristeza "es toda una estrategia" ligada a la inteligencia emocional. "Uno tiene que saber a quién contar y qué contar y cómo contarlo", planteó, y advirtió que "no todas las personas que nos quieren son interlocutores válidos". A veces, agregó, la palabra justa llega incluso de un desconocido.</p><p>La especialista aclaró que el objetivo no es que el otro ofrezca una solución, porque "hay tristezas que no tienen solución", como la muerte de un ser querido. Lo importante, dijo, es "poder ponerlo en palabras, ordenarlo en la cabeza y compartir esa tristeza", aunque el otro se limite a escuchar.</p>Qué pasa cuando la tristeza se acumula<p>El punto central de la columna fue el riesgo de guardarse todo. Acumular tristeza durante mucho tiempo puede derivar en "insomnio, ansiedad, ataques de pánico, enfermedades físicas importantes", enumeró. "La tristeza tiene un efecto acumulativo", subrayó, y recurrió a su comparación habitual: el agua estancada se pudre. Por eso, insistió en que "por algún lado hay que drenarlo", sin esperar que compartir sea, en sí mismo, la solución.</p>El peso cultural: cuesta decir "hoy no estoy bien"<p>Linardi remarcó que todavía cuesta hablar de salud mental en el terreno social. Socialmente se acepta faltar a un compromiso por un síntoma físico —"amanecí descompuesto"—, pero no por un motivo emocional. "No está muy naturalizado decir: estoy teniendo un día fatal", observó. La respuesta más frecuente, cuando alguien se anima, suele ser el "venite un rato aunque sea", que vuelve a minimizar lo que le pasa a la persona.</p><p>También advirtió sobre quienes minimizan su propia tristeza por considerarla "una boludez" frente a los problemas de los demás. Esa "autocensura" de los sentimientos, alertó, "nunca queda en la nada" y tarde o temprano produce síntomas físicos o psicológicos.</p>Redes sociales y soledad: un vínculo cada vez más frecuente<p>Consultada por quienes eligen contar su estado de ánimo en redes sociales, la psicoanalista consideró que puede ser un canal "válido", que muchas veces suplanta el hablar cara a cara con la expectativa de que alguien pregunte o escriba en privado. Sin embargo, marcó que las redes "tienen usos y abusos" y que exponer permanentemente las emociones puede cansar al entorno.</p><p>Detrás de esa necesidad, ubicó un problema de fondo: "Vivimos hoy muy solos en general, aunque estemos rodeados de gente". En ese escenario, sostuvo, muchas personas recurren al psicólogo justamente por ser un espacio de escucha, algo cada vez más habitual "en sociedades donde hay mucha soledad".</p>"Nadie puede huir de sí mismo"<p>Para cerrar, Linardi dejó una recomendación para quienes no logran comunicar lo que sienten: entender que sostener ese silencio "es riesgoso" y, si se transforma en una forma de vida, considerar una consulta profesional. Y lo graficó con una imagen: cuando uno se va de viaje se lleva las maletas, pero los problemas no se pueden dejar atrás. "Nadie puede huir de su propio cansancio, de sí mismo. Eso hay que trabajarlo", concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología, habló sobre el estado de tristeza y cómo trabajarlo cuando estás solo.]]>
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                                <updated>2026-07-21T22:49:26+00:00</updated>
                <published>2026-07-21T22:48:27+00:00</published>
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            Adrenalina y estrés: ¿Cómo reacciona el cerebro ante los partidos de la Argentina en el Mundial 2026?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CzmYHYKHV4cjpH-uP1Qw54DizmE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/dr_enrique_de_rosa_alabaster.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>De cara a la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra, el neurólogo y psiquiatra Enrique De Rosa Alabaster explicó en LU9 Radio Mar del Plata por qué un partido de la Selección moviliza al cuerpo tanto como a la mente. El especialista sostuvo que, aunque los hinchas no pisen la cancha, "todo nuestro organismo cree que lo está jugando", y advirtió sobre los riesgos del estrés futbolístico y las formas de atravesar el encuentro con menos sobresaltos.</p>Por qué el cerebro "juega" el partido<p>De Rosa Alabaster planteó que la reacción ante un partido no nace en la mente como si fuera algo aislado, sino en todo el cuerpo. "Nuestra vida psíquica es todo el funcionamiento del cuerpo", resumió, y describió una respuesta "muy básica y casi animal", en el sentido más elemental del término.</p><p>Según el especialista, mente y cuerpo funcionan como una sola cosa: el organismo también le envía información a esa mente y se produce un ida y vuelta permanente. De ahí, explicó, esa sensación de "montaña rusa" de emociones que suben y bajan durante los noventa minutos.</p><p>El punto central de su análisis es que el hincha vive el partido en el cuerpo aunque no lo dispute. "Aunque no jugamos el partido en lo concreto, nuestro organismo cree que lo está jugando", señaló. Esa es, para él, la clave para entender las cábalas, los nervios previos y las conductas que muchos repiten de manera inconsciente.</p>Un fenómeno colectivo, no individual<p>De Rosa Alabaster remarcó que estas reacciones no se explican solo desde lo individual, sino desde lo colectivo. Para el especialista, el fanatismo futbolero es, ante todo, una construcción social: incluso quien no sigue a ningún equipo termina participando por vivir en un país donde el fútbol es central.</p><p>Lo comparó con otras culturas: dijo que a un venezolano el béisbol lo moviliza de un modo que a un argentino no, y viceversa. "Aprendemos por los estímulos que se nos dan", apuntó, y ubicó al fanatismo dentro de un aprendizaje social más amplio.</p><p>El médico subrayó que, cuando el evento adquiere dimensión mundial, "es imposible no participar", porque se ponen en juego muchas más cosas que un resultado. En ese marco valoró un costado positivo: la famosa "grieta" tiende a desaparecer cuando aparecen estas emociones compartidas.</p>El antecedente de 1998: 25% más de infartos en Inglaterra<p>Para ilustrar el impacto físico de un partido, el especialista recordó un caso emblemático. Según una investigación publicada por el British Medical Journal, tras la definición por penales del Mundial de Francia 1998 —cuando Argentina eliminó a Inglaterra— los casos de infarto de miocardio en el Reino Unido se incrementaron un 25% en los días posteriores. Aquel partido, disputado el 30 de junio de 1998, terminó 2 a 2 y se resolvió 4 a 3 desde los doce pasos a favor de la Selección.&nbsp;</p><p>De Rosa Alabaster contó que se enteró de ese dato justamente por no ser futbolero: lo leyó en una publicación científica de la especialidad. El aumento de internaciones, dijo, muestra que un malestar emocional intenso puede funcionar como disparador de un evento cardíaco. No es un fenómeno exclusivo de un país: durante el Mundial de Alemania 2006, un estudio prospectivo en Múnich evaluó a más de 4.000 pacientes y detectó más eventos cardíacos en los días en que jugaba la selección local.&nbsp;</p>Emociones que unen, pero también pueden desbordar<p>El entrevistado señaló que tiene "sensaciones muy encontradas" con el fútbol: entiende que es un deporte y, a la vez, uno de los negocios más grandes del planeta. Rescató que a través del fútbol la sociedad festeje unida "por algo único", aunque lamentó que esas emociones colectivas no se canalicen hacia otros fines.</p><p>En ese sentido, advirtió que la misma energía que une puede derivar en agresión y violencia cotidiana. Para De Rosa Alabaster, el desafío es aprender a construir y sostener la emoción positiva: si el fútbol demuestra que existe la capacidad de empatizar con el otro, esa misma empatía —dijo— podría aplicarse a la construcción de una identidad social más amplia.</p>Cómo cuidarse durante los partidos<p>Consultado por las recomendaciones para prevenir sustos, el médico fue concreto. Recordó que en estas ocasiones mucha gente se excede con la comida, el alcohol y otras conductas de riesgo, y que al día siguiente de un partido suele registrarse un aumento de accidentes de tránsito en la madrugada.</p><p>El especialista insistió en que quienes tienen factores de riesgo cardiovascular deben controlarlos y estar atentos. No se trata de tenerle miedo al partido, aclaró, sino de tener presente que "estamos acelerando la máquina fuerte": las emociones son positivas, pero también pueden ser causales de otras complicaciones, tanto hacia adentro como hacia afuera.</p><p>El diálogo se dio en la previa de la semifinal del Mundial 2026. Argentina accedió a esta instancia tras vencer 3 a 1 a Suiza en la prórroga y este miércoles enfrenta a Inglaterra desde las 16 (hora argentina) en el Estadio Atlanta, por un lugar en la final.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CzmYHYKHV4cjpH-uP1Qw54DizmE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/dr_enrique_de_rosa_alabaster.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, el Dr. Enrique De Rosa Alabaster, neurólogo y psiquiatra, habló sobre la neurobiología del fútbol, el fanatismo, la adrenalina de las hinchadas y el impacto emocional de un Mundial.]]>
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                                <updated>2026-07-15T10:44:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-15T10:42:48+00:00</published>
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            Cómo el fútbol se vive &quot;en el cuerpo&quot; de una manera única en nuestra cultura
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BkIBkiJ-Z-zKOiGIM88b9EzFwxc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/hinchas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un país donde cada partido de la Selección Argentina paraliza calles, oficinas y consultorios, el licenciado Mauricio Strugo, psicólogo y sexólogo clínico, explicó en diálogo con LU9 Radio Mar del Plata por qué el fútbol se vive como un fenómeno de masas único: "nosotros vivimos los partidos como si estuviéramos jugándolos", aseguró, y dejó claves para manejar la ansiedad que genera cada cruce mundialista.</p><p>El especialista, que reside en Buenos Aires pero es oriundo de Chaco, describió una escena que se repite en cada compromiso de la Albiceleste: "la manera de referirnos al Mundial, a los partidos, a la selección es 'nosotros tenemos que ganar'. Hablamos en plural de verdad, como si estuviéramos jugándolo".</p><p>Strugo comparó el vaciamiento de las calles durante los partidos con los primeros días de la pandemia: "uno miraba por la ventana o salía al balcón y no pasaba nadie". Para el psicólogo, se trata de un fenómeno "digno de análisis", donde el hincha sufre, vive y despliega "cábalas superlocas": desde no dejar entrar a alguien a la casa hasta sentarse siempre de la misma manera, con la fantasía de "influir en el resultado".</p>Cábalas: rituales para bajar la ansiedad<p>Consultado sobre el rol de esas supersticiones, el especialista las definió como herramientas de contención. "Son rituales que nos sirven para sentirnos más contenidos, para bajar un poco la ansiedad", explicó, aunque advirtió que en el fondo "fantásticamente creemos que además influyen en lo que sucede".</p><p>En ese marco, destacó el costado integrador del fútbol: "lo vivimos como un fenómeno que nos une, cuando muchas veces la política o el Boca-River nos agrieta". Y sumó una observación sobre el clima social durante el torneo: "hay gente que después del Día de la Bandera sigue con las banderas colgadas en sus balcones", señaló, y remarcó que los chicos "sienten la pertenencia y la identidad con Argentina".</p>"Cuando juega Argentina es como un feriado nacional"<p>Lejos de aumentar las consultas psicológicas, el Mundial reordena la agenda de todos, incluso la del propio terapeuta. "Cuando juega Argentina tengo que mirar la agenda y ver qué hago, porque es como un feriado nacional. Uno no puede ser tan extraterrestre y hacer como que la vida sigue", admitió con humor.</p><p>Strugo describió que la gente "planifica dos o tres horas antes dejar todas las actividades y los trabajos" para ver el partido, "como si uno tuviera que calentar antes", cuando —consideró— "con media hora de anticipación sería suficiente". El trasfondo, dijo, es que "vivimos en una sociedad ansiosa", atravesada por preocupaciones por el dinero, las relaciones y la pareja.</p>Qué es la ansiedad y cómo manejarla<p>El psicólogo ofreció además una definición de servicio para el oyente: "la ansiedad tiene que ver con la incertidumbre. Lo que nos pone ansiosos es no saber qué va a pasar". La recomendación, sostuvo, es "tratar de estar lo más anclados al aquí y ahora, al presente", y ocuparse solo de lo que está pasando en este momento: "si nos ocupamos en el aquí y ahora, el futuro puede estar un poquito más manejado, ladrillo a ladrillo".</p><p>Sobre el sufrido triunfo ante Cabo Verde en 16avos de final, que se definió en tiempo suplementario, reconoció que fue "una situación de mucha ansiedad, de angustia, de estrés", y contó que al terminar el encuentro quiso conocer cifras de personas con cuadros cardíacos vinculados a la tensión del partido. De allí su mensaje central: "es un partido de fútbol. Está buenísimo tener pasión, pero la vida sigue. Es un Mundial, es una vez cada cuatro años, y lo vivimos como si fuera una guerra".</p>El costado positivo: dopamina, serotonina y buen humor<p>No todo es tensión: el especialista destacó los efectos beneficiosos de los triunfos de la Selección. "Está demostrado que esto influye hasta en las relaciones sexuales. Hay una cuestión de dopamina y de serotonina, hormonas que tienen que ver con el placer y el disfrute, que hacen que la persona tenga más ganas, desee más", explicó.</p><p>Y cerró con una recomendación en tono de humor para aprovechar la euforia colectiva: "cuando se gana un partido hay mejor onda. Es un hermoso momento para pedir un aumento". Strugo, que puede encontrarse en Instagram como @elpsicologoysexologo, se despidió con un pronóstico que el equipo de Lionel Scaloni terminó cumpliendo horas después: Argentina remontó un 0-2 ante Egipto y se impuso 3-2 en Atlanta, con un desenlace agónico que la depositó en los cuartos de final del Mundial 2026, donde espera por el ganador de Colombia-Suiza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BkIBkiJ-Z-zKOiGIM88b9EzFwxc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/hinchas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el Lic. Mauricio Strugo, psicólogo, analizó cómo vivimos el Mundial 2026 desde la Argentina, un país único con su hinchada.]]>
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                                <updated>2026-07-07T20:54:43+00:00</updated>
                <published>2026-07-07T20:50:20+00:00</published>
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            Columna de psicología de Fermín Más
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                <![CDATA[Psicólogo Fermín Mas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El psicólogo Fermín Mas, columnista de Ecos del Día por LU9 Radio Mar del Plata, abordó este lunes el llamado "efecto Batman", una estrategia psicológica por la cual niños y adultos adoptan la identidad de un personaje fuerte para mejorar su rendimiento, y advirtió que la verdadera herramienta de regulación emocional es el diálogo interno: "es clave cómo nos hablamos".</p><p>El fenómeno, estudiado inicialmente en niños, consiste en asumir un alter ego —como Batman— para ganar concentración, autorregularse y evaluarse "desde otro lugar", como si se tratara de otra persona. Frente a una situación que paraliza, la persona actúa desde ese personaje y logra afrontar el desafío.</p><p>Mas explicó que el tema "tiene su complejidad" porque la personalidad no es homogénea: "tenemos como muchas personas adentro nuestro". En ese sentido, recordó casos de artistas y deportistas "muy tímidos en la vida privada" que sobre un escenario o una cancha "se sueltan con una fluidez increíble", y citó como ejemplo los inicios de la carrera de Lionel Messi.</p>Hablar en tercera persona no es soberbia<p>El especialista se refirió también a la costumbre de hablar de uno mismo en tercera persona, que suele confundirse con soberbia, y puso como ejemplo a Diego Maradona. Según planteó, esa distancia entre la figura pública y la persona privada no es necesariamente patológica: "a veces el tótem es una cosa y lo que sos vos es otra".</p><p>Distinguió, además, entre la disociación instrumental —que puede ser funcional, como la de un líder que sabe separar su imagen pública de su vida privada— y la disociación patológica de la personalidad.</p>El diálogo interno: la herramienta central<p>Para Mas, la clave está en el diálogo interno, algo que "todos tenemos" pero que "hay que aprender a manejar". Puso el ejemplo de un corredor que, dolorido en el kilómetro 7 de una carrera de 10, se habla a sí mismo de manera amable para recuperarse y terminar.</p><p>El problema aparece con las tonalidades de ese diálogo: hay personas autoexigentes, "bastante punitivas consigo mismas", y otras que directamente se subvaloran, con un discurso de impostor. En el otro extremo está la soberbia de culpar siempre al exterior. "El equilibrio es lo más funcional", resumió el psicólogo, quien recomendó a veces "bajar un poquito el volumen" de ese "pájaro carpintero" que picotea desde adentro, o modificarlo por un tono "más amoroso, autocompasivo".</p>Balance de mitad de año: ni látigo ni excusas<p>Con julio como punto de inflexión del calendario, Mas aplicó estos conceptos al balance de los objetivos planteados a comienzos de año. El autorreproche —"nunca consigo nada, siempre pasa lo mismo"— "no nos lleva a ningún lado, porque lo único que hace es reforzar la frustración" y aleja de la acción, señaló.</p><p>En cambio, propuso una lectura más autocompasiva: reconocer los imponderables que impidieron cumplir las metas y recalibrar, apuntando por ejemplo "al 80% de lo que me había formulado" para diciembre. Y remarcó el valor de hacer balances por escrito o de manera ordenada, diferenciando las circunstancias aleatorias de la responsabilidad propia, para ganar claridad y eficacia.</p><p>El cierre de la columna sintetizó el recorrido: aceptar que la personalidad no es homogénea, trabajar el diálogo interno como principal herramienta de regulación y buscar "un buen equilibrio entre la autocompasión, el realismo y no la idealización", junto con una actitud constructiva.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el programa "Ecos del Dia"  de 1 7:30 a 20:00 , el psicólogo Fermín Mas habla sobre el alter ego como el que adoptan los niños al personificar a un superhéroe para concentrarse o autoregularse refleja que la personalidad no es homogénea y que todos poseemos un diálogo interno constante.]]>
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                                <updated>2026-07-07T11:59:35+00:00</updated>
                <published>2026-07-07T11:59:10+00:00</published>
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            Carga mental: &#039;las personas a veces caen en su propia trampa&#039;, el alerta sobre la organización familiar invisible
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.lu9mardelplata.com.ar/carga-mental-las-personas-a-veces-caen-en-su-propia-trampa-el-alerta-sobre-la-organizacion-familiar-invisible">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Organizar la vida familiar no es solo lavar los platos, hacer las camas o cocinar. Detrás de esas tareas visibles existe una "carga mental" —la logística de turnos médicos, compras, trámites y actividades escolares— que muchas veces recae sobre un solo integrante de la familia y termina pasando factura. Así lo planteó la licenciada en Psicología Alejandra Linardi en su columna de LU9 Radio Mar del Plata.</p><p>La especialista advirtió que este desgaste rara vez se reconoce como tal y que, cuando se acumula, puede derivar en irritabilidad, ansiedad, culpa, cambios de humor e incluso cuadros de salud física. La clave para empezar a aliviarlo, sostuvo, es "ponerlo en palabras".</p>Qué es la carga mental y por qué no se ve<p>Linardi diferenció entre el trabajo doméstico que se ve y el que queda "entre bambalinas". Lavar, barrer o cocinar son acciones concretas; la carga mental, en cambio, es la planificación que las hace posibles. La psicóloga aclaró además que ese rol "está muy desdibujado" y que ya no recae necesariamente sobre la mujer, aunque reconoció que muchas veces sucede.</p><p>Como ejemplo, mencionó algo tan cotidiano como un turno con el pediatra: cuando indican volver en tres meses, alguien tiene que anotarlo, recordarlo y volver a gestionarlo cuando la agenda ya está cerrada. A esa logística se suman las compras —"hoy también la gente busca precios"—, las restricciones alimentarias dentro de la familia, los arreglos del hogar y la espera del plomero o el electricista.</p>Por qué hoy es más pesado que antes<p>La especialista señaló que la vida actual aumentó esa carga en lugar de simplificarla. Antes, comparó, una mujer podía criar a varios hijos "todo juntito"; hoy cada hijo es "una empresa", con controles médicos, organización y exigencias escolares sofisticadas. Donde antes alcanzaba con una pechera de cartón para un acto, ahora hay "casi una interpretación cinematográfica", graficó.</p><p>A eso se sumó la digitalización de la vida cotidiana. Linardi planteó la paradoja de tener "un montón de facilidades" —pagar servicios desde el teléfono, hacer transferencias— y, al mismo tiempo, sumar trámites, baja de servicios, prepagas y atención automatizada que insumen tiempo y estrés. Hasta sentarse a ver un partido del Mundial, ejemplificó, hoy depende de la conexión a internet, el delay y los cortes.</p>La trampa de la sobreexigencia<p>Para la psicóloga, muchas veces "las personas caen en su propia trampa": terminan cuidando de todo y de todos, se descuidan a sí mismas y luego se quejan "como que si la culpa estuviese afuera". Suele ocurrir, explicó, en quienes a lo largo de su historia familiar se acostumbraron a hacerse cargo de otros y reproducen ese funcionamiento en la vida adulta.</p><p>Un caso frecuente es el cuidado de padres mayores. "Cuando uno cuida a un enfermo se puede enfermar más que el enfermo que cuida", advirtió, y detalló que ese desgaste puede expresarse en hipertensión u otros cuadros en personas que antes estaban sanas. Son, dijo, perfiles sobreexigentes que hacen "un trabajo silencioso", pero al que "la cabeza les cobra".</p>Poner límites para cuidarse<p>Linardi insistió en que ningún ser humano puede estar siempre "al pie del cañón" sin costos. Recordó el mandato social de la "buena madre" que nunca puede descansar y subrayó la importancia de preservarse: "si uno no está bien como madre, sus hijos no están bien".</p><p>El primer paso, concluyó, es reconocer la propia situación y animarse a poner el malestar en palabras, delegar y, si hace falta, abrir una consulta psicológica. "No somos máquinas", resumió, al recordar que habrá días en los que uno pueda y otros en los que no, y que está bien que así sea.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología, habló sobre la rutina familiar, que no solo implica tareas concretas, sino también una intensa carga psíquica invisible.]]>
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                                <updated>2026-06-23T23:45:09+00:00</updated>
                <published>2026-06-23T23:34:25+00:00</published>
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            Fermín Mas analizó el liderazgo de Messi y la Selección: &#039;un líder da tranquilidad aún en los momentos de caos&#039;
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                <![CDATA[Psicólogo Fermín Mas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tras el triunfo 2-0 de Argentina ante Austria, en el que Lionel Messi erró un penal sobre el arranque y se reivindicó con un doblete que lo consagró como el máximo goleador histórico de los Mundiales, el psicólogo Fermín Mas analizó en LU9 Radio Mar del Plata las claves del liderazgo del capitán y de todo el plantel. "Un líder es ideal porque te da tranquilidad aún en los momentos de caos", resumió.</p><p>Para el licenciado, lo que se vio en el campo —el equipo saliendo a bancar a su referente después del penal fallado— no se explica por un gol acertado o errado, sino por lo que Messi transmite y por el grupo que se construyó a su alrededor. Mas distinguió entre liderazgos "positivos y negativos, democráticos y autoritarios" y subrayó una idea de base: sin equipo, no hay líder.</p><p>Sin equipo no hay líder</p><p>Mas partió de que "somos seres sociales" y que nos vinculamos de distintas maneras, y que la influencia —la capacidad de incidir sobre otros— es uno de los atributos de esos vínculos. Por eso, planteó, para hablar de un proceso de liderazgo "tiene que haber un equipo": el momento en que un grupo humano se transforma en algo más que una suma de individuos.</p><p>Como contraejemplo recurrió al fútbol. Recordó a los "galácticos" del Real Madrid, un plantel repleto de figuras que, sin embargo, "no alcanzaban a cohesionar un equipo". En ese escenario, advirtió, no tiene sentido discutir quién era el líder, "porque no había equipo".</p><p>"Por Messi mueren todos": qué transmite el capitán</p><p>El psicólogo retomó una frase que circula en estos días en el análisis del rendimiento de la Selección: "por Cristiano Ronaldo no muere nadie, por Messi mueren todos". Y la amplió: además de los jugadores que "se dejan todo" en la cancha, contabilizó a los millones de argentinos "dispuestos a morir por Messi" detrás de la pantalla. "Eso es liderazgo", sintetizó.</p><p>Sobre Cristiano Ronaldo fue cauto: dudó de que se trate "tanto de un líder", porque despertar fanáticos "no es lo mismo" que influir sobre un grupo, y porque en la cancha, dijo, su ego "era lo más importante".</p><p>¿Por qué influye Messi, entonces? Mas lo atribuyó a lo que el capitán representa, casi como un arquetipo: "un tipo sano", humilde, que no se deja arrastrar por la lógica de la ganancia, al menos en su imagen pública. "Le hablás de la pelota y se le iluminan los ojos", graficó. "Ese es el que inspira."</p><p>Scaloni, el líder formal que "contiene" a Messi</p><p>El análisis incluyó a Lionel Scaloni, a quien ubicó como el "líder formal" del proceso: la figura del técnico que, junto con el capitán dentro del campo, ordena al grupo. Para Mas, ese liderazgo "no es para subestimar", al punto de que Scaloni "hasta lo contiene a Messi" y, según describió, actúa de manera paternal con su estrella.</p><p>Lo presentó, además, como un ejemplo de disciplina personal: un entrenador que podría limitarse a administrar su carrera y, en cambio, sostiene exigencias deportivas propias. De todos modos, aclaró un punto clave: "uno no es líder porque tiene un buen rendimiento deportivo", porque muchos rinden sin llegar a serlo.</p><p>Del ídolo al líder</p><p>Otra capa del fenómeno, señaló Mas, es que Messi fue ídolo de muchos de sus propios compañeros cuando eran chicos. Hoy, esos "excelentes jugadores" entran a la cancha "justamente a transformar a su ídolo en líder". Lo conectó con Qatar 2022: varios futbolistas, recordó, no celebraban un triunfo personal sino el haber logrado "que Messi salga campeón".</p><p>A nivel de juego, lo comparó con una "remake" del Barcelona 2012, con un equipo funcionando "para Messi" como "una maquinita perfecta", algo que —dijo— la Selección consolidó de 2020 en adelante. El liderazgo del capitán, coincidió el panel, "no es solamente deportivo": buena parte se juega en lo anímico, lo social y lo relacional dentro del plantel.</p><p>Del vestuario a la oficina y a la casa</p><p>Mas insistió en que el liderazgo "se estratifica" y arranca puertas adentro: "primero uno es un líder consigo mismo". Puso de ejemplo la autoexigencia y la constancia de Messi, con sus entrenamientos diferenciados para sostener el nivel. Esa "autodisciplina", afirmó, "es la base de un líder".</p><p>De ahí el traslado a la vida cotidiana. Frente al consejo médico de hacer actividad física, descansar o dedicarle tiempo a la familia, propuso tomarlo "con disciplina, como si fuera un entrenamiento" personalizado, hasta convertirlo en hábito. El padre que le dedica tiempo a un hijo de cinco años en la plaza, ejemplificó, con los años se vuelve "una referencia" para ese hijo adolescente.</p><p>Por eso definió el liderazgo como "un rol, pero el emergente de un proceso": algo que se gana y se configura con el tiempo, no que se decreta. Sus mecanismos, dijo, no son otra cosa que "la influencia social bien usada".</p><p>Líder impuesto, legitimidad y liderazgo por contingencia</p><p>El psicólogo diferenció al líder formal —el que "aparece nombrado", como un presidente electo— del líder legítimo. Una cosa, planteó, es ocupar el cargo, y otra ganar "legitimidad": el reconocimiento de quienes uno conduce. Por eso advirtió sobre los liderazgos forzados, cuando se empuja a alguien a un rol que no quiere: tienen que darse "la capacidad y las ganas", porque de lo contrario "uno termina forzando las cosas" y padeciéndolas, tanto el designado como quienes se ilusionaron.</p><p>Finalmente, describió lo que considera el modelo más maduro: el "liderazgo por contingencia". Los mejores equipos, sostuvo, son los que se reconfiguran según la situación, donde cada integrante asume el mando en su especialidad. Lo ilustró con una cobertura periodística o una salida a la montaña, y volvió a la Selección: cuando hace falta crear aparece Enzo Fernández, cuando hay que correr más aparece De Paul, y cuando hay que definir aparece el 9. Para que ese mecanismo funcione, cerró, cada uno necesita desarrollar su "autoliderazgo" y tener "el ego bien colocado", de modo que el equipo "fluya".</p><p>La Selección, mientras tanto, lidera el Grupo J con seis puntos —tras los triunfos ante Argelia (3-0) y Austria (2-0)— y ya tiene asegurado su lugar en los dieciseisavos de final del Mundial 2026.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el programa "Ecos del Dia" de 17:30 a 20:00 con Javier Novoa, el psicólogo Fermín Mas aborda el liderazgo no como una imposición formal, sino como un proceso social y dinámico aplicable a cualquier ámbito de la vida, desde el deporte hasta la familia y el trabajo.]]>
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                                <updated>2026-06-23T18:35:17+00:00</updated>
                <published>2026-06-23T18:33:36+00:00</published>
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            Cuándo un olvido es una señal de alerta y porqué el psicólogo es el primer paso
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        <link rel="alternate" href="https://www.lu9mardelplata.com.ar/cuando-un-olvido-es-una-senal-de-alerta-y-porque-el-psicologo-es-el-primer-paso" type="text/html" title="Cuándo un olvido es una señal de alerta y porqué el psicólogo es el primer paso" />
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                <![CDATA[Psicólogo Fermín Mas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No encontrar las llaves, olvidar en qué cuadra quedó estacionado el auto o perder el hilo de una conversación no implican, por sí solos, un problema de memoria. Así lo planteó el psicólogo Fermín Mas en su columna en LU9, donde trazó la diferencia entre los olvidos propios de una vida con estrés y múltiples tareas, y el deterioro cognitivo que sí requiere seguimiento clínico.</p><p>El especialista fue directo con quienes llegan al consultorio asustados por una laguna mental: antes de pensar en una enfermedad neurodegenerativa, hay que descartar que se trate de ansiedad, estrés o simple sobrecarga. "Un olvido es parte de lo normal", resumió, y aclaró que el cuadro recién enciende una alarma cuando se vuelve sistemático y empieza a afectar el funcionamiento cotidiano.</p>Qué es un olvido normal y qué es una señal de alerta<p>Mas explicó que la atención y la memoria son funciones cerebrales que dependen del estado de la conciencia: si la mente está dispersa o procesando "veinte cosas a la vez", es esperable que se generen distracciones. En esos casos, sostuvo, "si no estás prestando atención es más desgastante" y aumenta el riesgo de errores.</p><p>El psicólogo señaló que el envejecimiento normal trae aparejado un procesamiento más lento, y que eso también forma parte de lo esperable. La diferencia, advirtió, está en la frecuencia: no es lo mismo no recordar dónde quedó una herramienta usada hace dos meses que olvidar el propio nombre. Cuando el olvido deja de ser ocasional y se vuelve un patrón, "hay que preguntarse qué está pasando".</p>Por qué la primera consulta debería ser con el psicólogo<p>Uno de los puntos centrales de la charla fue el orden de las consultas. Según Mas, "la mayoría de las personas lo hacen al revés" y arrancan por el neurólogo, cuando lo recomendable es empezar por el psicólogo o el neuropsicólogo.</p><p>El motivo es clínico: se trata de un diagnóstico diferencial que se construye descartando, y conviene empezar por lo menos grave y más reversible. El psicólogo, explicó, puede determinar si el problema responde a ansiedad, estrés o a una "seudo demencia", cuadros que mejoran con tratamiento. Recién si se detecta un patrón fuerte de disfunción corresponde derivar al neurólogo para evaluar una posible base cerebral.</p><p>Para hablar de una demencia, aclaró el especialista, tiene que haber una lesión cerebral de base, dentro del conjunto de enfermedades neurodegenerativas. No es lo mismo, insistió, que una distracción por estar "tapado de trabajo": en ese escenario, a veces alcanza con bajar el ritmo unos días para notar una mejora.</p>El cerebro en "modo automático"<p>Otro fenómeno habitual que mencionó Mas es la automatización de tareas. Cuando una actividad se repite —manejar un auto, recorrer siempre el mismo camino al trabajo— el cerebro deja de prestarle atención plena para ahorrar energía. De ahí la conocida sensación de "no sé cómo llegué".</p><p>El psicólogo lo explicó con el aprendizaje: al principio, manejar exige concentrarse en los pedales, el volante y los espejos, pero con los años se vuelve un proceso automático que libera la mente para otras cosas. Esa misma automatización, advirtió, también puede provocar pequeños descuidos en el tránsito cuando se circula con la cabeza en otro lado.</p>Estrategias y "truquitos" para la memoria<p>Lejos de plantear un panorama alarmante, Mas compartió herramientas concretas para organizar la memoria. La primera es metodológica: guardar siempre los objetos —llaves, cargadores— en el mismo lugar para no perderlos.</p><p>La segunda apunta a romper la rutina justamente para evitar el "piloto automático": cambiar el recorrido habitual obliga al cerebro a volver a prestar atención. A eso sumó las estrategias mnemotécnicas, como asociar datos difíciles a frases fáciles de recordar, y recursos cotidianos como sacarle una foto a la esquina donde se dejó el auto. Nada de eso, aclaró, tiene carácter patológico ni clínico.</p>Cuándo el tratamiento es necesario<p>Finalmente, el especialista precisó qué ocurre cuando el diagnóstico sí es de deterioro cognitivo, algo frecuente en personas de edad mediana. En esos casos, la indicación habitual es la estimulación cognitiva, orientada a reducir el riesgo de avanzar hacia una zona de demencia, donde el deterioro es más significativo. Si el cuadro progresa, el tratamiento pasa a ser más específico según la severidad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En "Ecos del Día" con Javier Novoa, el columnista Fermín Más explica la diferencia entre los olvidos cotidianos por estrés o ansiedad y el deterioro cognitivo real. Señala que con la edad el procesamiento se vuelve más lento de forma normal y que, ante dudas o lagunas mentales, es recomendable acudir primero a un psicólogo para descartar factores emocionales reversibles antes de consultar a un neurólogo.]]>
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                                <updated>2026-06-09T12:30:33+00:00</updated>
                <published>2026-06-09T12:26:54+00:00</published>
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            Contra dos enemigos naturales del humano: ¿cómo abordar la ansiedad y la incertidumbre desde la psicología?
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La ansiedad y la incertidumbre se convirtieron en compañeras inevitables de la vida cotidiana. Así lo planteó la licenciada en psicología Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata, donde analizó por qué el mundo moderno, lejos de brindarnos calma, nos genera cada vez más malestar emocional.</p><p>"Si tenemos que hacer una evaluación global, diría que la mayoría de la población, de cualquier edad, sufre de ansiedad, un poco disparada por la incertidumbre", señaló Linardi. Para la profesional, ansiedad e incertidumbre funcionan como un par inseparable, y ambas se potencian en un contexto de sobreinformación permanente.</p><p>&nbsp;</p>Más datos, más ansiedad: la paradoja de la información<p>Uno de los puntos centrales del análisis de Linardi fue la relación paradójica entre el acceso a la información y el nivel de angustia. Para ilustrarlo, comparó el pasado con el presente: "Antes no sabíamos cuándo venía el colectivo, uno se ponía en la parada y esperaba. Convivíamos mejor con esa incertidumbre y nos daba ansiedad, pero no tanto."</p><p>Hoy, en cambio, tener el recorrido del colectivo en el celular, saber con anticipación el pronóstico del tiempo o poder consultar síntomas en Google no reduce la angustia. "Saber más no nos genera menos ansiedad, todo lo contrario", afirmó.</p><p>Puso como ejemplo cotidiano el comportamiento al ver series por streaming: "Los que miran Netflix lo saben: no soportamos ni la introducción de un capítulo, que dura un minuto. Nos hemos puesto cada vez menos tolerantes, cada vez más ansiosos, y cada vez menos capaces de soportar la incertidumbre."</p><p>&nbsp;</p>La ilusión de control y el peor escenario posible<p>Linardi también abordó la tendencia humana a querer controlarlo todo, desde la salud hasta el futuro económico o la vida de los hijos, como si ese control garantizara menos ansiedad. "Hay gente que habla como si su vida estuviera asegurada, pero no podés controlar qué le va a pasar al otro, no podés vivir todo el tiempo pensando en el futuro", subrayó.</p><p>Además, señaló que cuando las personas se preocupan, casi siempre se anticipan al peor escenario posible. "Cuando imaginamos el futuro con incertidumbre, hay que recordar que no es que necesariamente va a salir mal: hay una probabilidad de que salga bien y una probabilidad de que salga mal", aclaró.</p><p>Frente a eso, propuso una salida concreta: "Si tengo miedo por mi salud, ¿qué puedo hacer? Una acción: ir al médico, hacerme un control. Eso es diferente a quedarse paralizado por la preocupación."</p><p>&nbsp;</p>Autorregularse, no luchar contra la incertidumbre<p>La psicóloga fue enfática en que el objetivo no es eliminar la ansiedad sino aprender a convivir con ella. "Hay muchas terapias que tratan de aniquilar la ansiedad, pero en realidad lo que uno tiene que hacer es convivir con una impronta de la vida: hay cosas que están fuera de nuestro control", dijo Linardi.</p><p>En ese sentido, planteó que es más saludable aprender a autorregularse que luchar permanentemente contra el malestar: "No hay que luchar con ese sentir, porque es parte de la vida. Hay que hacer nuestras propias negociaciones también." Y destacó que tanto el exceso de información como la desconexión total son nocivos: "Si cada 30 segundos chequeás el dispositivo para ver qué pasó, vivís con un condicionamiento insoportable que altera tu vida."</p><p>&nbsp;</p>Cuándo consultar con un profesional<p>Linardi fue clara respecto de los límites: si bien cierto nivel de ansiedad es universal, hay casos que requieren atención especializada. "Todos tenemos ansiedad, pero hay grados en algunas personas que son para tratar, porque es muy complicado convivir", precisó. Cuando la incertidumbre invade la vida cotidiana e impide funcionar normalmente, la consulta es necesaria.</p><p>Sobre los mitos que rodean a la psicoterapia, desmintió que el proceso deba ser largo o difícil: "No importa ese mito de que tenés que ir mucho tiempo para tener resultados. Si uno va convencido de que tiene que hacer algo con lo que padece, no es tan trabajoso." Y remarcó que el factor clave es la voluntad del paciente: "En psicología, el paciente no puede autoengañarse. Si uno va convencido de que quiere vivir de otra manera, eso ya es una batalla ganada."</p><p>La terapia, según Linardi, requiere compromiso y continuidad, pero sus efectos se notan: "Cuando uno empieza a ver los resultados, quiere seguir. Y es maravilloso poder conocerse más y manejar estas cosas."</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciado en Psicología, habló sobre cómo afrontar la ansiedad y la  incertidumbre.]]>
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                                <updated>2026-06-04T22:38:44+00:00</updated>
                <published>2026-06-04T22:38:09+00:00</published>
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        <title>
            Más allá del ¨punto menos¨: la perspectiva de Fermín Más
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                <![CDATA[Psicólogo Fermín Mas]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los pensamientos intrusivos son una realidad mental cotidiana que muchas personas experimentan con incomodidad o culpa, sin saber bien qué son ni cómo manejarlos. En el segmento de psicología de LU9 Radio Mar del Plata, el psicólogo Fermín Más brindó herramientas claras para entender qué ocurre en la mente cuando un pensamiento aparece "de la nada" y condiciona, o no, nuestras acciones.</p><p>Más propuso imaginar la mente como una pantalla donde se proyectan distintos tipos de pensamientos: los hay conceptuales, procedimentales, y también aquellos que aparecen cargados de emoción. Dentro de ese espectro, los intrusivos ocupan un lugar particular.</p><p>&nbsp;</p>Qué son los pensamientos intrusivos<p>El especialista los definió como pensamientos que "obnubilan nuestra visión clara de las cosas", aunque aclaró que "no necesariamente implican un cambio de acción". Son, en sus palabras, "una molestia, un estorbo a la visión de las cosas" que actúan por dispersión antes que por motivación o impulso concreto.</p><p>La distinción es importante: a diferencia de los pensamientos negativos —que pueden inhibir conductas, como no presentarse a un examen por no creer en la propia capacidad— los intrusivos no siempre tienen esa fuerza de impacto sobre lo que finalmente hacemos.</p><p>&nbsp;</p>Cuándo un pensamiento deja de ser intrusivo y se vuelve problema<p>Más trazó una escala de gravedad que va del pensamiento intrusivo al negativo, del negativo al catastrófico y, en el extremo, al obsesivo. Este último es, según explicó, "mucho más cerrado, como un bucle que pierde contacto y retroalimentación con la realidad".</p><p>La clave está en el grado: "es una cuestión de grado", subrayó el psicólogo, señalando que convivir con pensamientos intrusivos es parte de la experiencia mental humana y no debe tomarse como algo alarmante en sí mismo.</p><p>&nbsp;</p>Lo azaroso como oportunidad<p>Uno de los puntos más destacados de la charla fue la reivindicación del pensamiento intrusivo como posible disparador de experiencias positivas. Mas señaló que cuando un pensamiento de ese tipo lleva a una acción distinta a la planeada, el resultado puede ser enriquecedor: "a veces te hace descubrir algo diferente, es más, quizás a veces se descubren cosas por el pensamiento intrusivo".</p><p>La condición para que eso ocurra, precisó, es que haya alineación entre lo que se quiere y lo que se hace. Cuando esa alineación se rompe por dispersión, "el desenlace de mi acción puede no coincidir con mi intención inicial".</p><p>&nbsp;</p>Ver el vaso medio lleno: presencia y conciencia<p>Ante la pregunta de cómo sostener una mirada positiva frente a las dificultades cotidianas, el clima, la economía, el desgaste, Más recurrió a conceptos de la filosofía aplicados a la psicología: presencia y conciencia. Propuso que "cuando uno realmente tiene conciencia de lo que está haciendo, tiene una percepción y no invisibiliza el proceso de las cosas".</p><p>El ejemplo que usó fue elocuente: si una jugadora de tenis pierde un partido pero viene de un buen proceso de entrenamiento y de superar una lesión, analizar el todo le permite "ver la mitad del vaso lleno". La trampa del pensamiento perfeccionista, explicó, es enfocarse en lo que falta en lugar de lo que se logró: "hay gente que ve el más 8, hay gente que ve el menos 2. Hay que tratar de ver el más 8".</p><p>&nbsp;</p>Zona de confort: cuánto estructura y cuánto novedad<p>El cierre de la conversación giró en torno a la zona de confort y su relación con la salud mental. Más sostuvo que lo saludable no es salir de ella en forma permanente ni aferrarse a ella sin límites, sino encontrar una proporción. Habló de una combinación aproximada de estructura y novedad, que varió en su ejemplo con el tiempo libre, aunque aclaró que "es muy relativo porque tiene mucho que ver con la personalidad de cada uno".</p><p>Lo que sí fue contundente: la estructura en exceso lleva a "la automatización, el aburrimiento, la pérdida de conciencia", mientras que la ausencia total de estructura predispone a la ansiedad. Cuando aparece algo nuevo, en cambio, "lo que se produce es la ruptura de los bucles mentales" y con eso vuelve la atención, la conciencia y la conexión con el entorno.</p><p>"La combinación entre una y otra me parece que es la mejor manera de tejer en la vida", cerró Más.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qEhO1xhDezVtJtcc1rqyXzsckyI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1776778652.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En "Ecos del Día" con Javier Novoa de 17.30 a 20.00, el psicólogo Fermín Más introdujo un enfoque muy interesante desde la psicología y la filosofía: la presencia y la conciencia.]]>
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                                <updated>2026-06-03T00:07:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-03T00:03:07+00:00</published>
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            Psicología con Analía Cirese: derivaron a madres luego de que el Sanatorio Finochietto cerrara el área de maternidad
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                <![CDATA[Lic. Analía Cirese]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HKXG_YRNNP68yoahEqHSbKpGuaU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1775854710.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El reciente cierre de un servicio de maternidad en un sanatorio de la Ciudad de Buenos Aires reavivó el debate sobre la caída de la natalidad en Argentina, la región y el mundo. La noticia, que se viralizó en los últimos días, dejó a embarazadas a punto de parir en pleno proceso de derivación a otros centros de salud, según se planteó en el aire de LU9 Radio Mar del Plata.</p><p>La psicóloga Analía Cirese abordó el tema desde una mirada psicosocial y advirtió que la baja en la tasa de natalidad responde a múltiples factores: cambios en las prioridades de las mujeres, postergación de la maternidad por motivos profesionales, transformaciones en los vínculos de pareja y un fuerte estigma sobre quienes deciden no tener hijos o ser madres después de los 35 años.</p>Un cierre que impacta en plena gestación<p>La especialista señaló que el cierre del servicio de maternidad tuvo un fuerte impacto emocional en las pacientes: "hay mamás gestantes a punto de parir y fue bastante reciente también para ellas", explicó, al describir cómo recibieron la noticia y fueron derivadas a otros centros de salud.</p><p>En el estudio se remarcó que en un embarazo, y especialmente con un recién nacido, surgen múltiples interrogantes y que la contención del profesional elegido resulta clave. Cambiar de médico en una etapa crítica, se planteó, agrava la incertidumbre de las pacientes, sobre todo de las madres primerizas.</p>Carreras, mandatos y un reloj biológico que no espera<p>Cirese vinculó el cierre con una tendencia más amplia: la caída sostenida de la tasa de natalidad a nivel local, regional y mundial. Entre los factores mencionó la pandemia, los cambios en el mandato social que durante décadas asociaba a la mujer con la maternidad temprana y la mayor inserción profesional femenina.</p><p>"Las decisiones que hemos estado tomando las mujeres durante las últimas décadas tienen que ver con priorizar otras áreas de nuestras vidas, además de la maternidad", explicó la psicóloga, y detalló el recorrido habitual: estudiar una carrera, dar los primeros pasos en un mercado laboral competitivo y, en el mejor de los casos, lograr cierta estabilidad antes de plantearse la llegada de un hijo.</p><p>En ese trayecto, agregó, el tiempo avanza y aparece lo que definió como el reloj biológico: "si bien ellos también pueden postergar, pueden ser papás hasta el último día de su vida; nosotras no tenemos un tiempo definitivo", marcó al diferenciar la situación de mujeres y varones.</p>"Mamá añosa": el peso de una categoría médica<p>La psicóloga puso el foco en una terminología médica que, advirtió, sigue costándole procesar: la de "mamá añosa", que se aplica a partir de los 35 años. "Nos ubica dentro de este nombre", cuestionó, y planteó el impacto psicológico que genera ese rótulo en mujeres que postergaron la decisión de ser madres.</p><p>En el intercambio se recordó cómo, años atrás, ser madre a los 40 era visto socialmente "como un milagro", y se mencionó el estigma y el miedo que aún persisten en torno a posibles enfermedades del bebé en embarazos tardíos. Cirese sostuvo que la medicina ha ido incorporando una mirada más humanista, aunque el peso simbólico sobre la edad sigue presente.</p><p>También se señaló un cambio en la expectativa de vida: si antes ser padre a los 40 implicaba acompañar al hijo por pocos años, hoy, con personas que llegan a los 90 o 100, esa paternidad o maternidad tardía abre la posibilidad de compartir varias décadas más.</p>Elegir no ser madre o padre, sin juicios de valor<p>Otro de los ejes que abordó la especialista fue el deseo genuino de no tener hijos. "Es una decisión personal o familiar, en pareja también, y está bien", remarcó, y pidió aceptar este tipo de definiciones "sin prejuicios, sin juicios de valor".</p><p>Cirese llamó a desmitificar las miradas que aún cuestionan a quienes deciden no ser padres y resaltó la importancia de "tolerar la diferencia, poder entender que el otro decide otra cosa distinta a lo que a mí me parece" y establecer "límites sanos entre las personas, sin juzgar, sin pretender tener la razón".</p>Psicoterapia: un espacio para revisar el deseo<p>Consultada sobre cómo distinguir un deseo genuino en medio de la crisis vincular actual, la psicóloga definió a la psicoterapia como "el espacio indicado para trabajar estos interrogantes". Aclaró que no hay una única respuesta ni una solución que se resuelva en una charla con una amiga en un café: requiere revisarse y diferenciar si el deseo está, si no está, o si está atravesado por miedos.</p><p>Como indicador, propuso prestar atención al malestar y a aquello que "interpela". Si una conversación sobre el tema deja pensando, movilizó o "te picó el bichito", explicó, es una señal de que algo se puso en juego y vale la pena explorarlo en un espacio terapéutico.</p><p>También abordó la aparición de emociones consideradas tabú, como la envidia frente al embarazo de una amiga, incluso en mujeres que habían decidido no ser madres. En esos casos, planteó, puede ser válido revisar la decisión: "capaz que es reversible, antes no quería y ahora sí, o viceversa".</p>Comunicación en pareja y deseos que vuelven<p>La especialista insistió en la importancia de no encasillarse en definiciones rígidas. Recordó que el deseo puede quedar "dormido o latente" en una pareja y reaparecer en otra etapa o con otra persona, y subrayó que la separación a veces deja al descubierto que la traba estaba en uno mismo o en el vínculo.</p><p>Por eso, remarcó la necesidad de combinar el espacio terapéutico personal con una buena comunicación en pareja: "para que esto quede de manifiesto, no quede como inconsciente y tapado, y después decir 'no me di cuenta, se me escapó la tortuga'".</p>Miedo al parto: una emoción que también se trabaja<p>Sobre el cierre del programa, se incorporó una consulta de oyentes que planteaban que muchas mujeres no quieren tener hijos por el miedo que les transmitieron respecto del dolor del parto. Cirese respondió que el dolor existe, pero relativizó las descripciones extremas: "nada que ninguna haya podido atravesar sin poder solucionar".</p><p>Definió al susto como una emoción pasajera y recordó que cada experiencia es personal: hay partos que transcurren con naturalidad y otros más complejos, e incluso una misma mujer puede vivir partos muy distintos entre un hijo y otro. "Cada caso es particular", concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HKXG_YRNNP68yoahEqHSbKpGuaU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1775854710.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En 'Tarde para Armar', programa que se transmite de 13 a 17 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista y Licenciada en Psicología y Especialista en Psicoterapia Cognitiva, título de grado y postgrado, Analía Cirese, habló sobre la baja de la natalidad y el cierre del sector de maternidad en el Sanatorio Finochietto, ubicado en Palermo.]]>
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                                <updated>2026-05-22T22:10:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-22T22:05:56+00:00</published>
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            Orfanda adulta: columna de psicología con Alejandra Linardi
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La pérdida de los padres en la adultez genera un tipo de duelo poco visibilizado socialmente, pero con fuertes consecuencias psicológicas: la llamada orfandad adulta. Así lo explicó la licenciada en psicología Alejandra Linardi, columnista de LU9 Radio Mar del Plata, quien advirtió que dejar de ser hijo modifica la identidad del adulto y puede destapar conflictos familiares hasta entonces silenciados.</p><p>Linardi subrayó que, aunque la palabra "huérfano" se asocia culturalmente a la infancia y a la desprotección, existe una forma adulta de orfandad que aparece a partir de la mediana edad, cuando comienza a ser estadísticamente probable perder a los progenitores. "Cuando uno pierde un ser querido, no pierde solo ese ser querido: algo de uno se va en esa identificación", señaló la especialista.</p>Una palabra reservada a la infancia que también nombra al adulto<p>La columnista planteó que socialmente se habla muy poco de esta etapa porque la figura del huérfano quedó asociada al niño que queda sin sus padres por catástrofes o circunstancias trágicas. Sin embargo, advirtió que la orfandad adulta sucede dentro de lo que popularmente se conoce como "la ley de la vida", en general a partir de los 40 años, y que ese carácter previsible no la vuelve menos compleja desde lo psíquico.</p><p>Linardi remarcó que la condición de hijo no se pierde nunca, sin importar la edad: "si vos tenés 70 años y se muere tu mamá de 100, vos sos hijo y sufrís igual esa pérdida". Por eso, la muerte de un padre o una madre deja a la persona con un sentimiento de soledad vinculado a la desaparición de quienes la precedieron, le dieron valores y formaron parte de su historia.</p>El duelo después de los trámites: cuando empieza lo más difícil<p>La especialista diferenció el momento social del duelo, vinculado a velatorios y entierros, del proceso íntimo posterior. Explicó que los rituales de despedida no son un buen termómetro del estado emocional, porque allí la persona todavía no termina de dimensionar lo ocurrido. "El problema de la muerte son los momentos siguientes", aseguró.</p><p>Según detalló, los trámites administrativos son punzantes y dolorosos, pero imprescindibles. El verdadero duelo aparece cuando el adulto comienza a transitar la vida cotidiana sin ese ser querido y debe reorganizar tanto su identidad como sus vínculos. Allí emergen sentimientos como la angustia, la conciencia del paso del tiempo, la propia vejez y, en algunos casos, la urgencia de aprovechar la vida.</p>Generaciones bisagra: del rol de cuidador al vacío<p>Linardi introdujo el concepto de generaciones bisagra para describir a quienes, debido a la mayor esperanza de vida, terminan cuidando simultáneamente a hijos, nietos y padres mayores. En esos casos, la muerte del progenitor puede traer una sensación de alivio, pero también la pérdida abrupta del rol de cuidador.</p><p>La psicóloga aclaró que todo cambio de roles psíquicos genera un duelo y un desequilibrio momentáneo dentro del sistema psicológico de la persona. Por eso, incluso cuando el fallecimiento llega tras un largo período de cuidados, deja un vacío que requiere ser elaborado.</p>Conflictos familiares que estaban escondidos<p>Otro de los puntos centrales de la columna fue el surgimiento de conflictos familiares latentes tras la muerte de los padres. Linardi mencionó como ejemplo las disputas por herencias, que muchas veces desunen a los hermanos y rompen vínculos que se sostenían gracias a la figura del progenitor.</p><p>La especialista advirtió que estos episodios pueden derivar en consecuencias psicológicas inesperadas, e incluso en enfermedades físicas. Señaló que muchas personas llegan por primera vez a una consulta psicológica a raíz de la muerte de un padre o una madre, porque allí emergen cuestiones que habían permanecido ocultas durante años.</p><p>También aludió a los duelos más complejos: aquellos en los que no había relación con el padre o la madre fallecidos. "Las peores muertes son cuando uno no tenía relación con esos padres y queda huérfano", sostuvo, al explicar que en esos casos se suman la pérdida de la identificación como hijo y la hostilidad no resuelta, que queda flotando en el psiquismo.</p>La última oportunidad: cerrar antes del final<p>Linardi insistió en la importancia de buscar la reconciliación cuando todavía es posible. Relató el caso de una persona enfrentada con su padre, que prácticamente no le dirigía la palabra, y a quien se le aconsejó acercarse en las últimas horas de vida del hombre. La hija finalmente fue, le sostuvo la mano y el padre alcanzó a agradecerle antes de morir.</p><p>La especialista remarcó que ese gesto no debe hacerse únicamente por la persona que está por partir, sino también por uno mismo: "es la última oportunidad que vos tenés para hacer otra cosa con eso". Advirtió que, una vez fallecido el otro, ese trabajo solo podrá hacerse psíquicamente en terapia, pero ya no podrá modificarse nada en la realidad, lo que suele derivar en duelos complicados.</p>Una etapa inevitable que merece ser nombrada<p>La columna cerró con una reflexión sobre lo inexorable de la pérdida y la necesidad de visibilizar este tipo de duelo. Linardi sostuvo que, aunque socialmente se relativice el dolor con frases como "mirá todo lo que vivió", en la intimidad de cada persona ese sufrimiento es real y merece espacio para ser elaborado.</p><p>La especialista recordó que ser hijo es una condición que acompaña toda la vida y que, cuando los padres ya no están, queda un sentimiento de soledad que solo puede transitarse reorganizando los vínculos con quienes siguen: hijos, nietos y nuevas generaciones.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista, Licenciada en Psicología Alejandra Linardi, analizó el momento que atravesamos cuando nos quedamos sin padres siendo adultos.]]>
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                                <updated>2026-05-22T00:15:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-22T00:10:54+00:00</published>
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            Analía Forti: el maltrato psicológico en todas sus formas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aCfWz0ntigoNqELfc0Mwhqgl9TE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1704397436.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Analía Forti es Licenciada en Ciencias para la Familia, consultora psicológica con enfoque logoterapéutico, psicóloga social y mediadora familiar. En sus escritos reflexiona sobre la cotidianeidad de las personas, el vinculo con las emociones y las formas de afrontar la vida.</p><p>En diálogo con LU9 Radio Mar del Plata, la escritora, ensayista, conferencista e investigadora en temáticas de familia, reflexionó sobre el maltrato psicológico: &quot;Al ser un maltrato emocional, no está vinculado con la agresión física, es mucho más difícil de identificar, a tal punto que se lo suele naturalizar&quot;. </p><p>Por lo que, &quot;se lo suele desvirtuar, mencionándolo como un destrato, pero en realidad es maltrato psicológico, produce muchas consecuencias como el estrés crónico, estados de ansiedad, por lo que no es un tema para minimizar&quot;.</p><p>Se puede dar en todos los ámbitos, desde lo laboral hasta el familiar, pero el escenario de la pareja lo pone muy en evidencia. Esta distorsión de la realidad es una de las formas de maltrato psicológico, de una manera plantearle al otro que lo percibió está mal&quot;.</p><p>Escuchá la nota completa a Analía Forti: </p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aCfWz0ntigoNqELfc0Mwhqgl9TE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/contenido/noticias/original/1704397436.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Analía Forti es Licenciada en Ciencias para la Familia, consultora psicológica con enfoque logoterapéutico, psicóloga social y mediadora familiar. En...]]>
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                                <updated>2024-01-04T00:00:00+00:00</updated>
                <published>2024-01-04T00:00:00+00:00</published>
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