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    <title>LU9 Mar del Plata</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Mar del Plata.</subtitle>
    <updated>2026-08-18T19:55:07+00:00</updated>
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            ¿Cómo sobrellevar la muerte de una mascota?
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La muerte de una mascota puede desatar un duelo tan intenso como el de la pérdida de un familiar o un ser querido, según explicó la psicóloga Alejandra Linardi, columnista del programa. "Cuando uno pierde un ser querido, lo importante no es si era un humano o un animal: lo importante es el vínculo que uno tenía", sostuvo la especialista, y remarcó que ese proceso genera el mismo desarrollo psicológico que el duelo por una persona.</p><p>Linardi advirtió además que ese dolor suele ser subestimado socialmente. "No está mal llorar por una mascota", afirmó, y cuestionó que muchas personas no se sientan habilitadas para expresar su tristeza en ámbitos como el trabajo cuando pierden a un animal de compañía.</p>Un vínculo que cambió con el tiempo<p>La psicóloga describió una transformación cultural en la relación con las mascotas. "Antes el perro estaba en una cucha, atado con una cadena, y ahora es como el rey o la reina de la casa", señaló. En ese sentido, apuntó que buena parte de las personas de entre 25 y 35 años que no tienen hijos adoptan mascotas y les dan un lugar equivalente, un fenómeno que —consideró— todavía deberá ser estudiado en profundidad.</p>Por qué puede ser un duelo más difícil que el de una persona<p>Según explicó Linardi, el impacto del duelo depende del vínculo cotidiano que existía con el animal. Puso como ejemplo la diferencia entre una mascota que convive con una familia numerosa y una que acompaña a una persona que vive sola. En este último caso, dijo, la mascota suele ser "la razón por la cual esa persona se levantaba", la sacaba a hacer sus necesidades, le daba de comer o la llevaba a vacunar. Por eso, remarcó, en personas que viven solas ese duelo "puede ser incluso peor que el de un familiar o un pariente".</p><p>La especialista explicó también que la ausencia se hace presente en la rutina diaria: el horario del paseo, el de la comida, el lugar donde dormía el animal. "Eso empieza a faltar en lo cotidiano, y por eso se extiende en el tiempo el duelo de la mascota", sostuvo, y advirtió que no siempre se resuelve en pocos días, como muchas personas suponen.</p><p>Otro factor que influye en cómo se elabora el duelo, según detalló, es la forma en que murió el animal: si fue una decisión de eutanasia por enfermedad, un accidente, la vejez o la muerte de un cachorro, cada situación deja una marca distinta en el proceso.</p>El amor incondicional y sus beneficios psicológicos<p>Linardi destacó que las mascotas ofrecen una forma de afecto que muchas veces no se encuentra en los vínculos humanos: "siempre están, no usan el celular, no están esperando que uno les escriba primero para responder". Ese vínculo incondicional, dijo, explica por qué el afecto hacia un animal puede volverse central en la vida de una persona, incluso más que el vínculo con otro ser humano.</p><p>En ese punto, la psicóloga señaló que hay personas con dificultades para establecer vínculos afectivos con otras personas que sí logran hacerlo con un animal, y citó como ejemplo histórico el caso de Adolf Hitler y su conocido apego a los perros, para graficar que la circulación del afecto a veces se canaliza hacia un animal y no hacia otro ser humano.</p><p>La especialista remarcó particularmente los beneficios de la convivencia con mascotas en personas en proceso de recuperación de adicciones, en niños con dificultades afectivas o dentro del espectro autista, y en personas mayores que viven solas, para quienes la mascota suele ser una compañía central y una fuente de afecto cotidiano.</p>Cuándo consultar a un profesional<p>Consultada sobre en qué momento conviene buscar ayuda profesional, Linardi explicó que no hay una regla exacta, pero sí un criterio orientativo: si después de seis meses a un año la tristeza no logra amortiguarse con los buenos recuerdos que dejó la mascota, es momento de consultar. "Puede haber jugado o ese duelo nos pudo haber disparado cosas nuestras y no las estamos pudiendo resolver", planteó, al remarcar que un estado de ánimo muy deprimido o un desgano sostenido en el tiempo son señales de alerta.</p><p>La psicóloga insistió en que buscar acompañamiento profesional no es sinónimo de "olvidar" a la mascota, sino de aprender a convivir con su ausencia apoyándose en los buenos recuerdos compartidos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Lic. Alejandra Linardi, psicóloga, habló sobre los duelos por las partidas de las mascotas.]]>
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                                                <category term="columnistas" label="Columnistas" />
                                <updated>2026-08-18T19:55:07+00:00</updated>
                <published>2026-08-18T19:53:44+00:00</published>
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            Agotamiento emocional: ¿Qué señales hay que identificar en estas circunstancias?
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El agotamiento emocional dejó de ser un problema individual para volverse casi una constante social. Así lo planteó la psicóloga y psicoanalista Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata, donde advirtió que se trata de un desgaste "silencioso" que muchas veces no se percibe y que no se cura con unos días de reposo.</p><p>La especialista aclaró de entrada un punto clave para no confundir el tema: estar "agotado de vivir" no significa querer dejar de vivir, sino estar cansado "de vivir de esta manera", es decir, de la rutina, del estrés constante y de la sensación de tener que estar siempre en alerta. Según explicó, ese cansancio tiene hoy "bastante incidencia" porque la gente trabaja mucho para ganar apenas lo suficiente para subsistir, y a los problemas individuales se les suman las preocupaciones económicas y de seguridad.</p>Un cansancio que no se va con el descanso<p>Linardi diferenció el agotamiento psicofísico —una mezcla de lo psicológico y lo físico— del que es puramente emocional. La señal de alarma, señaló, aparece cuando el descanso no alcanza: la persona se toma unos días, hace reposo por indicación médica y, aun así, "se levanta y sigue agotada".</p><p>Ese desgaste, agregó, suele estar ligado a un estrés y una preocupación permanentes, muchas veces frente a situaciones que no tienen solución. Puso como ejemplo tener que cuidar a un padre o una madre con una enfermedad crónica y, al mismo tiempo, sostener a la propia familia, trabajar, hacer trámites y criar hijos. En esos casos, describió, la persona queda como en una "calle sin salida", donde la única salida termina siendo el propio agotamiento.</p>El celular, entre el trabajo y el descanso<p>Entre las causas, la psicóloga ubicó el agotamiento sensorial, que resumió en una palabra: "el celular, la tecnología". Es esa sensación de "ya miré mucho", de no querer recibir más estímulos, que —según observó— afecta más a los adultos que a los chicos.</p><p>El problema se agrava, dijo, porque hoy muchas personas trabajan con el mismo dispositivo con el que se distienden. "Donde debería estar el placer, la distensión, el ocio, está el trabajo", planteó, y advirtió que cuando ambos mundos conviven en la misma pantalla, todo se "contamina": uno se atrasa, se distrae, va a mirar un WhatsApp, aparece un mail, termina contestando el mail y se olvida de lo que estaba haciendo.</p><p>A eso se suma lo que llamó cansancio social, propio de quienes trabajan interactuando todo el día en plataformas y empresas, entre "buenos días, buenas tardes" y correos. Ese desgaste, graficó, genera muchas veces la necesidad de "taparse con la frazada", cerrar la ventana de la pieza y que no se acerque ni un ser humano.</p>Rendimiento por encima del bienestar<p>Consultada sobre la presión de ser productivo de manera permanente, Linardi fue categórica: hoy está más sobrevaluado el rendimiento que el bienestar. Reconoció que las empresas empezaron a hablar del bienestar del "recurso humano", pero sostuvo que, mientras el rendimiento se imponga por sobre el bienestar, la ecuación no cierra y no hay forma de no terminar agotado.</p><p>También marcó un cambio de época. Antes, recordó, la vida era más sencilla: se iba a trabajar, se volvía a casa y, al terminar el horario, hasta el otro día no se pensaba en el trabajo. "Hoy hay un continuo, casi no hay corte", resumió, algo que atribuyó a la combinación de tener varios empleos y de una tecnología que impide desconectarse.</p>La hiperconectividad y el "piloto automático"<p>La columnista describió una hiperconectividad que atraviesa el día completo: lo último que se hace de noche y lo primero al despertar es usar el celular. Eso, explicó, no implica solo estar frente a una pantalla, sino responder demandas de los demás. Antes uno se levantaba, se cepillaba los dientes y se peinaba; ahora, dijo, primero se contesta el mensaje y "ya tenés un problema a resolver antes de levantarte".</p><p>El riesgo, advirtió, es que el problema es invisible: quien está agotado emocionalmente muchas veces no lo ve, porque funciona en "piloto automático". A largo plazo, sin embargo, ese desgaste puede dar síntomas psicológicos o físicos, e incluso notarse en el aspecto. Para graficarlo, mencionó cómo la exigencia y la presión sostenidas transforman con los años a quienes ocupan cargos de altísima exposición, hasta hacerlos "terminar siendo otro".</p>Aprender a hacer una pausa<p>Para Linardi, la clave está en "aprender a parar, en aprender a pausar". La tecnología, dijo, no tiene pausa —el celular es "el amigo fiel", prendido las 24 horas—, así que la pausa la tiene que poner cada uno. Confió en que, con el tiempo, habrá más conciencia de que esa pausa es la que permite una buena relación con la tecnología.</p><p>Como ejemplo, citó a los colegios que ya restringen el uso del celular, al advertir que, si bien puede ser una herramienta pedagógica, termina funcionando como un distractor y una fuente de estrés para el aprendizaje. Dejar la tecnología es hoy imposible, aclaró, pero pausarla no: es una autocrítica que cada uno debe hacer, si puede.</p>Cuándo pedir ayuda profesional<p>Entre las recomendaciones, la especialista sugirió desconectarse, buscar otros tipos de vínculos, priorizar el tiempo con la familia y los amigos por sobre el del trabajo, hacer actividad física, alimentarse bien y administrar mejor el tiempo, eligiendo en qué se lo ocupa. Aun así, reconoció que hay personas que "no paran" y generan picos de estrés que no pueden resolver solas.</p><p>En esos casos, remarcó, hace falta acompañamiento profesional. El agotamiento emocional, insistió, "no es algo a desmerecer", porque puede derivar en enfermedades graves, incluso físicas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista y Lic. Alejandra Linardi, psicóloga, habló sobre señales silenciosas de alguien ecomocionalmente agotado de vivir.]]>
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                                <updated>2026-07-28T19:52:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-28T19:48:50+00:00</published>
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            ¿Qué pasa cuándo estamos tristes y no encontramos con quién compartirlo?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estar triste es un sentimiento universal, pero encontrar con quién compartirlo no siempre resulta sencillo. Así lo planteó la psicóloga y psicoanalista Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9, donde advirtió que la tristeza que no se pone en palabras se acumula y termina afectando la salud. "El agua estancada se pudre", graficó.</p><p>La especialista aclaró que no se trata de "dar un parte" diario del estado de ánimo, sino de reconocer que callar de manera sistemática lo que nos pasa nunca queda sin consecuencias. "No quedás ileso", resumió, y remarcó que el solo gesto de compartir —aun cuando el problema no tenga solución— ayuda a ordenar y aliviar.</p>Una tristeza que no siempre tiene una causa clara<p>Linardi señaló que la tristeza no siempre responde a un hecho puntual. Existe, explicó, una "tristeza difusa": días en los que uno se levanta mal o atraviesa "dramas existenciales" vinculados al trabajo, la convivencia o la propia vida. En todos los casos, sostuvo, la dificultad aparece a la hora de poder decirle al entorno que uno está triste.</p>El entorno no siempre sabe escuchar<p>La psicoanalista repasó las distintas respuestas que suele recibir alguien que está mal. En la familia, advirtió, no se puede "hacer cargo a un niño o a un adolescente" de las propias frustraciones, porque termina siendo el hijo el contenedor de sus padres. Entre amistades, en cambio, aparece la invalidación: el clásico "no es nada, hay cosas peores" que tapa el problema por un rato.</p><p>También apuntó a la pareja, una de las grandes quejas en la consulta. Muchas personas "no saben qué hacer" cuando el otro está triste, aunque estén preocupadas. "Hay gente que frente al dolor del otro trata de neutralizarlo o decir alguna palabra como para hacer un cierre", describió.</p>Saber a quién, qué y cómo contar<p>Para Linardi, comunicar la tristeza "es toda una estrategia" ligada a la inteligencia emocional. "Uno tiene que saber a quién contar y qué contar y cómo contarlo", planteó, y advirtió que "no todas las personas que nos quieren son interlocutores válidos". A veces, agregó, la palabra justa llega incluso de un desconocido.</p><p>La especialista aclaró que el objetivo no es que el otro ofrezca una solución, porque "hay tristezas que no tienen solución", como la muerte de un ser querido. Lo importante, dijo, es "poder ponerlo en palabras, ordenarlo en la cabeza y compartir esa tristeza", aunque el otro se limite a escuchar.</p>Qué pasa cuando la tristeza se acumula<p>El punto central de la columna fue el riesgo de guardarse todo. Acumular tristeza durante mucho tiempo puede derivar en "insomnio, ansiedad, ataques de pánico, enfermedades físicas importantes", enumeró. "La tristeza tiene un efecto acumulativo", subrayó, y recurrió a su comparación habitual: el agua estancada se pudre. Por eso, insistió en que "por algún lado hay que drenarlo", sin esperar que compartir sea, en sí mismo, la solución.</p>El peso cultural: cuesta decir "hoy no estoy bien"<p>Linardi remarcó que todavía cuesta hablar de salud mental en el terreno social. Socialmente se acepta faltar a un compromiso por un síntoma físico —"amanecí descompuesto"—, pero no por un motivo emocional. "No está muy naturalizado decir: estoy teniendo un día fatal", observó. La respuesta más frecuente, cuando alguien se anima, suele ser el "venite un rato aunque sea", que vuelve a minimizar lo que le pasa a la persona.</p><p>También advirtió sobre quienes minimizan su propia tristeza por considerarla "una boludez" frente a los problemas de los demás. Esa "autocensura" de los sentimientos, alertó, "nunca queda en la nada" y tarde o temprano produce síntomas físicos o psicológicos.</p>Redes sociales y soledad: un vínculo cada vez más frecuente<p>Consultada por quienes eligen contar su estado de ánimo en redes sociales, la psicoanalista consideró que puede ser un canal "válido", que muchas veces suplanta el hablar cara a cara con la expectativa de que alguien pregunte o escriba en privado. Sin embargo, marcó que las redes "tienen usos y abusos" y que exponer permanentemente las emociones puede cansar al entorno.</p><p>Detrás de esa necesidad, ubicó un problema de fondo: "Vivimos hoy muy solos en general, aunque estemos rodeados de gente". En ese escenario, sostuvo, muchas personas recurren al psicólogo justamente por ser un espacio de escucha, algo cada vez más habitual "en sociedades donde hay mucha soledad".</p>"Nadie puede huir de sí mismo"<p>Para cerrar, Linardi dejó una recomendación para quienes no logran comunicar lo que sienten: entender que sostener ese silencio "es riesgoso" y, si se transforma en una forma de vida, considerar una consulta profesional. Y lo graficó con una imagen: cuando uno se va de viaje se lleva las maletas, pero los problemas no se pueden dejar atrás. "Nadie puede huir de su propio cansancio, de sí mismo. Eso hay que trabajarlo", concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología, habló sobre el estado de tristeza y cómo trabajarlo cuando estás solo.]]>
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                                <updated>2026-07-21T22:49:26+00:00</updated>
                <published>2026-07-21T22:48:27+00:00</published>
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            Carga mental: &#039;las personas a veces caen en su propia trampa&#039;, el alerta sobre la organización familiar invisible
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Organizar la vida familiar no es solo lavar los platos, hacer las camas o cocinar. Detrás de esas tareas visibles existe una "carga mental" —la logística de turnos médicos, compras, trámites y actividades escolares— que muchas veces recae sobre un solo integrante de la familia y termina pasando factura. Así lo planteó la licenciada en Psicología Alejandra Linardi en su columna de LU9 Radio Mar del Plata.</p><p>La especialista advirtió que este desgaste rara vez se reconoce como tal y que, cuando se acumula, puede derivar en irritabilidad, ansiedad, culpa, cambios de humor e incluso cuadros de salud física. La clave para empezar a aliviarlo, sostuvo, es "ponerlo en palabras".</p>Qué es la carga mental y por qué no se ve<p>Linardi diferenció entre el trabajo doméstico que se ve y el que queda "entre bambalinas". Lavar, barrer o cocinar son acciones concretas; la carga mental, en cambio, es la planificación que las hace posibles. La psicóloga aclaró además que ese rol "está muy desdibujado" y que ya no recae necesariamente sobre la mujer, aunque reconoció que muchas veces sucede.</p><p>Como ejemplo, mencionó algo tan cotidiano como un turno con el pediatra: cuando indican volver en tres meses, alguien tiene que anotarlo, recordarlo y volver a gestionarlo cuando la agenda ya está cerrada. A esa logística se suman las compras —"hoy también la gente busca precios"—, las restricciones alimentarias dentro de la familia, los arreglos del hogar y la espera del plomero o el electricista.</p>Por qué hoy es más pesado que antes<p>La especialista señaló que la vida actual aumentó esa carga en lugar de simplificarla. Antes, comparó, una mujer podía criar a varios hijos "todo juntito"; hoy cada hijo es "una empresa", con controles médicos, organización y exigencias escolares sofisticadas. Donde antes alcanzaba con una pechera de cartón para un acto, ahora hay "casi una interpretación cinematográfica", graficó.</p><p>A eso se sumó la digitalización de la vida cotidiana. Linardi planteó la paradoja de tener "un montón de facilidades" —pagar servicios desde el teléfono, hacer transferencias— y, al mismo tiempo, sumar trámites, baja de servicios, prepagas y atención automatizada que insumen tiempo y estrés. Hasta sentarse a ver un partido del Mundial, ejemplificó, hoy depende de la conexión a internet, el delay y los cortes.</p>La trampa de la sobreexigencia<p>Para la psicóloga, muchas veces "las personas caen en su propia trampa": terminan cuidando de todo y de todos, se descuidan a sí mismas y luego se quejan "como que si la culpa estuviese afuera". Suele ocurrir, explicó, en quienes a lo largo de su historia familiar se acostumbraron a hacerse cargo de otros y reproducen ese funcionamiento en la vida adulta.</p><p>Un caso frecuente es el cuidado de padres mayores. "Cuando uno cuida a un enfermo se puede enfermar más que el enfermo que cuida", advirtió, y detalló que ese desgaste puede expresarse en hipertensión u otros cuadros en personas que antes estaban sanas. Son, dijo, perfiles sobreexigentes que hacen "un trabajo silencioso", pero al que "la cabeza les cobra".</p>Poner límites para cuidarse<p>Linardi insistió en que ningún ser humano puede estar siempre "al pie del cañón" sin costos. Recordó el mandato social de la "buena madre" que nunca puede descansar y subrayó la importancia de preservarse: "si uno no está bien como madre, sus hijos no están bien".</p><p>El primer paso, concluyó, es reconocer la propia situación y animarse a poner el malestar en palabras, delegar y, si hace falta, abrir una consulta psicológica. "No somos máquinas", resumió, al recordar que habrá días en los que uno pueda y otros en los que no, y que está bien que así sea.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BE1Pht459b_ZgvmKynBZ5moYMSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/alejandra_linardi_licenciada_en_psicologia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología, habló sobre la rutina familiar, que no solo implica tareas concretas, sino también una intensa carga psíquica invisible.]]>
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                                <updated>2026-06-23T23:45:09+00:00</updated>
                <published>2026-06-23T23:34:25+00:00</published>
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            Contra dos enemigos naturales del humano: ¿cómo abordar la ansiedad y la incertidumbre desde la psicología?
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La ansiedad y la incertidumbre se convirtieron en compañeras inevitables de la vida cotidiana. Así lo planteó la licenciada en psicología Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata, donde analizó por qué el mundo moderno, lejos de brindarnos calma, nos genera cada vez más malestar emocional.</p><p>"Si tenemos que hacer una evaluación global, diría que la mayoría de la población, de cualquier edad, sufre de ansiedad, un poco disparada por la incertidumbre", señaló Linardi. Para la profesional, ansiedad e incertidumbre funcionan como un par inseparable, y ambas se potencian en un contexto de sobreinformación permanente.</p><p>&nbsp;</p>Más datos, más ansiedad: la paradoja de la información<p>Uno de los puntos centrales del análisis de Linardi fue la relación paradójica entre el acceso a la información y el nivel de angustia. Para ilustrarlo, comparó el pasado con el presente: "Antes no sabíamos cuándo venía el colectivo, uno se ponía en la parada y esperaba. Convivíamos mejor con esa incertidumbre y nos daba ansiedad, pero no tanto."</p><p>Hoy, en cambio, tener el recorrido del colectivo en el celular, saber con anticipación el pronóstico del tiempo o poder consultar síntomas en Google no reduce la angustia. "Saber más no nos genera menos ansiedad, todo lo contrario", afirmó.</p><p>Puso como ejemplo cotidiano el comportamiento al ver series por streaming: "Los que miran Netflix lo saben: no soportamos ni la introducción de un capítulo, que dura un minuto. Nos hemos puesto cada vez menos tolerantes, cada vez más ansiosos, y cada vez menos capaces de soportar la incertidumbre."</p><p>&nbsp;</p>La ilusión de control y el peor escenario posible<p>Linardi también abordó la tendencia humana a querer controlarlo todo, desde la salud hasta el futuro económico o la vida de los hijos, como si ese control garantizara menos ansiedad. "Hay gente que habla como si su vida estuviera asegurada, pero no podés controlar qué le va a pasar al otro, no podés vivir todo el tiempo pensando en el futuro", subrayó.</p><p>Además, señaló que cuando las personas se preocupan, casi siempre se anticipan al peor escenario posible. "Cuando imaginamos el futuro con incertidumbre, hay que recordar que no es que necesariamente va a salir mal: hay una probabilidad de que salga bien y una probabilidad de que salga mal", aclaró.</p><p>Frente a eso, propuso una salida concreta: "Si tengo miedo por mi salud, ¿qué puedo hacer? Una acción: ir al médico, hacerme un control. Eso es diferente a quedarse paralizado por la preocupación."</p><p>&nbsp;</p>Autorregularse, no luchar contra la incertidumbre<p>La psicóloga fue enfática en que el objetivo no es eliminar la ansiedad sino aprender a convivir con ella. "Hay muchas terapias que tratan de aniquilar la ansiedad, pero en realidad lo que uno tiene que hacer es convivir con una impronta de la vida: hay cosas que están fuera de nuestro control", dijo Linardi.</p><p>En ese sentido, planteó que es más saludable aprender a autorregularse que luchar permanentemente contra el malestar: "No hay que luchar con ese sentir, porque es parte de la vida. Hay que hacer nuestras propias negociaciones también." Y destacó que tanto el exceso de información como la desconexión total son nocivos: "Si cada 30 segundos chequeás el dispositivo para ver qué pasó, vivís con un condicionamiento insoportable que altera tu vida."</p><p>&nbsp;</p>Cuándo consultar con un profesional<p>Linardi fue clara respecto de los límites: si bien cierto nivel de ansiedad es universal, hay casos que requieren atención especializada. "Todos tenemos ansiedad, pero hay grados en algunas personas que son para tratar, porque es muy complicado convivir", precisó. Cuando la incertidumbre invade la vida cotidiana e impide funcionar normalmente, la consulta es necesaria.</p><p>Sobre los mitos que rodean a la psicoterapia, desmintió que el proceso deba ser largo o difícil: "No importa ese mito de que tenés que ir mucho tiempo para tener resultados. Si uno va convencido de que tiene que hacer algo con lo que padece, no es tan trabajoso." Y remarcó que el factor clave es la voluntad del paciente: "En psicología, el paciente no puede autoengañarse. Si uno va convencido de que quiere vivir de otra manera, eso ya es una batalla ganada."</p><p>La terapia, según Linardi, requiere compromiso y continuidad, pero sus efectos se notan: "Cuando uno empieza a ver los resultados, quiere seguir. Y es maravilloso poder conocerse más y manejar estas cosas."</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciado en Psicología, habló sobre cómo afrontar la ansiedad y la  incertidumbre.]]>
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                                <updated>2026-06-04T22:38:44+00:00</updated>
                <published>2026-06-04T22:38:09+00:00</published>
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            Relación entre el clima y el estado de ánimo: columna de la Lic. Alejandra Linardi
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                <![CDATA[Lic. Alejandra Linardi]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El frío, la niebla y los cielos grises de Mar del Plata no son solo una cuestión meteorológica: tienen nombre clínico y consecuencias reales sobre la salud mental. Así lo explicó la psicóloga Alejandra Linardi durante su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata, donde advirtió sobre el trastorno afectivo estacional y dio recomendaciones concretas para atravesar el invierno sin que el ánimo se deteriore.</p><p>Linardi señaló que, si bien no se trata de una patología de salud mental instalada, "hay un trastorno que muchas personas sufren" y que influye "en mayor o en menor medida, de acuerdo a la personalidad de cada sujeto". Los síntomas más comunes incluyen ganas de comer más, dormir más y un estado de ánimo decaído.</p>Un problema biológico, no solo psicológico<p>La especialista subrayó que detrás de este fenómeno hay una razón biológica concreta: la serotonina, conocida como la “hormona de la felicidad”, se segrega a través de la exposición a la luz solar. Cuando los días son nublados y grises, esa producción disminuye.</p><p>"Los marplatenses tenemos el invierno muy largo", afirmó Linardi, "lo más probable es que tengamos más un trastorno afectivo estacional relacionado con los días nublados".</p><p>Por eso, recomendó una medida simple pero efectiva: "aunque el día esté nublado, abrir bien la ventana para que la poca luz que entre, entre".</p>Qué hacer para no quedarse bajo la frazada<p>La psicóloga fue explícita en señalar que uno de los mayores riesgos del invierno es la inactividad. Quedarse en casa, no salir a hacer las compras, postergar turnos médicos o el trabajo pueden volverse hábitos que agravan el cuadro.</p><p>Sus recomendaciones prácticas fueron:</p>Exponerse a la luz, aunque sea indirecta, abriendo ventanas y corriendo cortinas.Moverse: si no es posible salir, hacer actividad física o tareas domésticas dentro del hogar.Realizar actividades placenteras: tejer, leer, pintar o cualquier actividad creativa que genere disfrute.Practicar la siesta corta: no más de 20 minutos. "Te resetea el sistema nervioso central", explicó Linardi, y aclaró que una siesta larga con clima adverso puede alterar la rutina diaria y empeorar el humor.Cuándo el clima se convierte en un problema serio<p>Linardi trazó una línea clara entre el malestar pasajero y algo que requiere atención profesional. Si los síntomas, decaimiento, cambios en el sueño y el apetito, dificultades para la higiene personal, estado de ánimo quejoso o, en casos más graves, ideas de muerte, se prolongan más de dos semanas, es momento de consultar.</p><p>"Esos síntomas, si duran más de dos semanas, ya hay que pensar que hay un trastorno depresivo que también fue favorecido por el estado del clima", advirtió. Y agregó que la depresión, cuanto más instalada está en la persona, más difícil resulta revertir: "No es que no se pueda, pero va a dar mucho más trabajo".</p>El riesgo en personas con tendencia previa<p>La columnista alertó también sobre quienes ya vienen atravesando un cuadro depresivo: el clima puede actuar como un agravante. "Puede llegar a hacer que una persona que ya tiene una tendencia, esto se le agrave", sostuvo.</p><p>Mencionó además que los adultos mayores de 30 años y quienes trabajan desde sus hogares, con menor movimiento y menor socialización, son los más vulnerables. En ese sentido, hizo una comparación con los países nórdicos, donde la escasez de horas de luz se asocia históricamente a mayores índices de adicciones: "Queda muy a mano el tema de tener más probablemente adicciones, con el uso y el abuso del alcohol", señaló, para reforzar la idea de que automedicarse con sustancias no hace más que agregar otro problema.</p>El mensaje final: ser consciente, pero no rendirse<p>Linardi cerró con un mensaje esperanzador pero realista: "Ser consciente de que esto te puede pasar, pero tener cuidado con que no te pase mucho tiempo y con mucha intensidad". No se trata de pretender que el invierno no afecta, sino de no dejar que esa afectación se instale.</p><p>Alejandra Linardi es psicóloga y columnista semanal de LU9 Radio Mar del Plata.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista, Licenciada en Psicología, Alejandra Linardi, habló sobre cómo afecta el clima en nuestro estado del ánimo.]]>
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                                <updated>2026-05-28T20:23:43+00:00</updated>
                <published>2026-05-28T20:18:24+00:00</published>
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            Orfanda adulta: columna de psicología con Alejandra Linardi
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La pérdida de los padres en la adultez genera un tipo de duelo poco visibilizado socialmente, pero con fuertes consecuencias psicológicas: la llamada orfandad adulta. Así lo explicó la licenciada en psicología Alejandra Linardi, columnista de LU9 Radio Mar del Plata, quien advirtió que dejar de ser hijo modifica la identidad del adulto y puede destapar conflictos familiares hasta entonces silenciados.</p><p>Linardi subrayó que, aunque la palabra "huérfano" se asocia culturalmente a la infancia y a la desprotección, existe una forma adulta de orfandad que aparece a partir de la mediana edad, cuando comienza a ser estadísticamente probable perder a los progenitores. "Cuando uno pierde un ser querido, no pierde solo ese ser querido: algo de uno se va en esa identificación", señaló la especialista.</p>Una palabra reservada a la infancia que también nombra al adulto<p>La columnista planteó que socialmente se habla muy poco de esta etapa porque la figura del huérfano quedó asociada al niño que queda sin sus padres por catástrofes o circunstancias trágicas. Sin embargo, advirtió que la orfandad adulta sucede dentro de lo que popularmente se conoce como "la ley de la vida", en general a partir de los 40 años, y que ese carácter previsible no la vuelve menos compleja desde lo psíquico.</p><p>Linardi remarcó que la condición de hijo no se pierde nunca, sin importar la edad: "si vos tenés 70 años y se muere tu mamá de 100, vos sos hijo y sufrís igual esa pérdida". Por eso, la muerte de un padre o una madre deja a la persona con un sentimiento de soledad vinculado a la desaparición de quienes la precedieron, le dieron valores y formaron parte de su historia.</p>El duelo después de los trámites: cuando empieza lo más difícil<p>La especialista diferenció el momento social del duelo, vinculado a velatorios y entierros, del proceso íntimo posterior. Explicó que los rituales de despedida no son un buen termómetro del estado emocional, porque allí la persona todavía no termina de dimensionar lo ocurrido. "El problema de la muerte son los momentos siguientes", aseguró.</p><p>Según detalló, los trámites administrativos son punzantes y dolorosos, pero imprescindibles. El verdadero duelo aparece cuando el adulto comienza a transitar la vida cotidiana sin ese ser querido y debe reorganizar tanto su identidad como sus vínculos. Allí emergen sentimientos como la angustia, la conciencia del paso del tiempo, la propia vejez y, en algunos casos, la urgencia de aprovechar la vida.</p>Generaciones bisagra: del rol de cuidador al vacío<p>Linardi introdujo el concepto de generaciones bisagra para describir a quienes, debido a la mayor esperanza de vida, terminan cuidando simultáneamente a hijos, nietos y padres mayores. En esos casos, la muerte del progenitor puede traer una sensación de alivio, pero también la pérdida abrupta del rol de cuidador.</p><p>La psicóloga aclaró que todo cambio de roles psíquicos genera un duelo y un desequilibrio momentáneo dentro del sistema psicológico de la persona. Por eso, incluso cuando el fallecimiento llega tras un largo período de cuidados, deja un vacío que requiere ser elaborado.</p>Conflictos familiares que estaban escondidos<p>Otro de los puntos centrales de la columna fue el surgimiento de conflictos familiares latentes tras la muerte de los padres. Linardi mencionó como ejemplo las disputas por herencias, que muchas veces desunen a los hermanos y rompen vínculos que se sostenían gracias a la figura del progenitor.</p><p>La especialista advirtió que estos episodios pueden derivar en consecuencias psicológicas inesperadas, e incluso en enfermedades físicas. Señaló que muchas personas llegan por primera vez a una consulta psicológica a raíz de la muerte de un padre o una madre, porque allí emergen cuestiones que habían permanecido ocultas durante años.</p><p>También aludió a los duelos más complejos: aquellos en los que no había relación con el padre o la madre fallecidos. "Las peores muertes son cuando uno no tenía relación con esos padres y queda huérfano", sostuvo, al explicar que en esos casos se suman la pérdida de la identificación como hijo y la hostilidad no resuelta, que queda flotando en el psiquismo.</p>La última oportunidad: cerrar antes del final<p>Linardi insistió en la importancia de buscar la reconciliación cuando todavía es posible. Relató el caso de una persona enfrentada con su padre, que prácticamente no le dirigía la palabra, y a quien se le aconsejó acercarse en las últimas horas de vida del hombre. La hija finalmente fue, le sostuvo la mano y el padre alcanzó a agradecerle antes de morir.</p><p>La especialista remarcó que ese gesto no debe hacerse únicamente por la persona que está por partir, sino también por uno mismo: "es la última oportunidad que vos tenés para hacer otra cosa con eso". Advirtió que, una vez fallecido el otro, ese trabajo solo podrá hacerse psíquicamente en terapia, pero ya no podrá modificarse nada en la realidad, lo que suele derivar en duelos complicados.</p>Una etapa inevitable que merece ser nombrada<p>La columna cerró con una reflexión sobre lo inexorable de la pérdida y la necesidad de visibilizar este tipo de duelo. Linardi sostuvo que, aunque socialmente se relativice el dolor con frases como "mirá todo lo que vivió", en la intimidad de cada persona ese sufrimiento es real y merece espacio para ser elaborado.</p><p>La especialista recordó que ser hijo es una condición que acompaña toda la vida y que, cuando los padres ya no están, queda un sentimiento de soledad que solo puede transitarse reorganizando los vínculos con quienes siguen: hijos, nietos y nuevas generaciones.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sZ__IB7VnHsfOXrPzcpMy-L8fEs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lu9mardelplatacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_linardi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista, Licenciada en Psicología Alejandra Linardi, analizó el momento que atravesamos cuando nos quedamos sin padres siendo adultos.]]>
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                                <updated>2026-05-22T00:15:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-22T00:10:54+00:00</published>
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